¿Quo vadis México?

Jalisco /

Sirva de nuevo el latinajo para intentar entender, ahora que pasó la elección y por lo menos tenemos resultados oficiales parciales pero considero confiables -aunque apenas hoy empiece el recuento de votos distritales-, ¿y ahora qué? ¿A dónde vamos México? No es fácil ni lo será en un buen rato imaginarlo por incomprensible que parezca. La verdad, el mismo partido triunfante no dejó de valorar la posibilidad de, aun con una presidencia del país casi segura, que no tendría tanto despliegue exitoso en la mayoría de estados en disputa, y menos que realmente llegarían con relativa facilidad al sueño dorado del actual presidente del país, Andrés Manuel López Obrador: un Congreso cuya mayoría calificada pudiera sacar adelante en plazo récord -quizá tan solo en septiembre próximo-, cuanta reforma le venga en gana y dejar a su sucesora la simple tarea de ir perfeccionando sus planes de control absoluto de los poderes de la Unión.

Entonces, ¿qué sucedió si vimos que los ciudadanos, la gran mayoría de ellos, decidió seguir ese modelo?, incluyendo con todo y el “Plan C” que, entre otras muchas cosas, reformará al Poder Judicial y sus principales integrantes, ministros, magistrados, consejeros, etcétera, habrá de pasar, antes de ocupar esos puestos, por una elección abierta y universal. Lo mismo no sabemos qué tan pronto se ajustarán las cámaras de legisladores para eliminar los plurinominales o en qué forma y cuándo desaparecerán los tan vituperados órganos autónomos del Estado, para, acaso, ser asimilados por el Ejecutivo federal. El “trámite” como la próxima presidenta denominó, ya se cumplió.

Pero tampoco podemos dejar de reconocer que en muchos aspectos la votación masiva que encumbró todavía más a Morena tuvo su explicación en acontecimientos previos. Los programas sociales, en efecto, cumplieron cabal mente su objetivo político, aunque, también hay que advertirlo, sus millones de beneficiarios no podían correr riesgos para perderlos o verlos modificar. Para muchos quizá no es mucho, pero la mayoría valora ese beneficio que nunca, pero nunca, recibieron de gobierno alguno. ¿Cómo no entenderlo si es algo que significa prácticamente el sustento básico para los más urgidos de equidades? Lo mismo, cuando vemos cómo Morena arrasó en entidades del sureste mexicano, no debemos ocultar que efectivamente ha sido de décadas la región más atrasada y olvidada del país y sus gobiernos anteriores.

Las enormes desigualdades nos llevaron a una situación que en ciertos niveles socioeconómicos no se comprende, al menos, así como así. Esta vez jugó Morena dirigida por su líder máximo, un todo por el todo que a fin de cuentas resultó. Que si hubo fraudes, o situaciones sospechosas en el proceso, o infracción de las leyes por parte de las autoridades que buscaban favorecer su proyecto, es indudable pero ya parece improbable que al denunciarlas tenga algún cambio significativo, o, lo impensable, que se altere el proceso. López Obrador tiene una gran tarea para estos últimos meses, y ya la empezó. Todo listo para sus principales reformas, y si alguien piensa que se va como pobre venadito a Palenque, su presencia se hará sentir desde ya al influir en la estructura a la nueva presidenta del equipo con el que gobernará. Inició oficialmente con el anuncio de quién continuará como secretario de Hacienda. Un buen comienzo para seguir ejerciendo el poder.

Jalisco, en verdad, es todavía una isla dentro del marasmo nacional. Sin embargo, todo apunta a que el gobierno de Pablo Lemus, quien sin duda superará las impugnaciones que se avecinan, no la tendrá nada fácil. Para empezar, no contará con un Congreso local que le garantice en ciertos casos una plena gobernabilidad, a menos que busque el recurso de la coalición. El PRI y quizá el PAN lo pensarían igual. Empero, la representación en las cámaras nacionales estará muy mermada. Vamos, todo apunta que ni siquiera contará con senadores jaliscienses de su partido.

Enrique Alfaro tuvo en su momento la visión para anticiparse a estos hechos, lo sabía bien y el dirigente naranja nacional, Dante Delgado, no lo escuchó o sabe Dios que tanto hizo para dar prioridad con el fin de conservar su porción de poder. Claro que el candidato Álvarez Máynez finalmente no estuvo al nivel de ser factor y ni sumados sus votos hubiera cambiado el rumbo. No obstante, Alfaro habrá de seguir haciendo su tarea para que las distintas fuerzas emecista de Jalisco se mantengan unidas, incluso con autonomía para no ser objeto de negociación. Son muchos en fin los retos de Lemus, incluyendo el de mantener una buena relación con el poder central para que no se pierdan acciones federales de las que tanto necesita el estado.

Y surge de nuevo la interrogante: ¿quo vadis México? ¿quo vadis Jalisco? Seamos optimistas, pasó antes buen tiempo, décadas, pero logramos vencer los gobiernos omnímodos y absolutistas del pasado. Ojalá que en verdad ahora los distintos niveles se entiendan mejor y que nuestro destino sea más venturoso. Ojalá. Después de todo, hay que llegar a entender lo incomprensible y seguir buscando evitar más divisiones y navegar juntos en el barco común que nos lleve a buen puerto, que asegure lo mejor para nosotros y sobre todo para nuestros hijos.


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