Sumas y restas electorales

Jalisco /

Desbordados, al menos de dientes para fuera, se observan tanto el presidente de la república como su candidata, en cuanto a optimismo por alcanzar el triunfo en la próxima elección. Sin embargo, tampoco les es fácil ocultar que esta vez las cosas no saldrán tan bien como en el 2018 o en el 2021, principalmente en cuanto a la suma de votos requerida a fin de lograr, por un lado, una cobertura protectora de salida al mandatario que dejará, pese a lo que diga, muchos cabos sueltos en su accidentada gestión y, por otro, dar seguridades a su posible sucesora para un gobierno de transición dentro del propio obradorismo ya sin Obrador. Además, poco se entiende ante tanta certeza en el éxito electoral, el por qué se manifiesta tanta angustia en cuanto a una opositora que dan por derrotada, como también tanta preocupación de que en dado caso deban llegar a instancias superiores en la esfera jurídica, como para arreglar lo que se atraviese en el camino. Fracasado el “Plan C”, como sus anteriores engendros, tendrán ellos que sortear vicisitudes ante la Suprema Corte y esto, como sabemos, no está por lo pronto en manos del presidente.

Las presiones ejercidas sobre su dócil y obediente rebaño en ambas cámaras, han podido sacar adelante -y lo confirmarán en poco tiempo-, las reformas que no requieren de mayoría calificada tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, como las leyes de Amnistía y la de Amparo, ambas evidentemente con el objetivo puesto en allanarle el camino a López Obrador para concluir su periodo sin muchos inconvenientes. La reforma relativa al establecimiento del Fondo de Pensiones, en su caso, tiene un fin distinto, de claro y abierto proselitismo que se hará público este Día del Trabajo (al cabo que la veda electoral la tiene de adorno), como un “regalo” a la clase laborante que, pese a la aparente bondad del ordenamiento, tendrá que vérselas con la verdadera viabilidad hacia el futuro, además del riesgo inmanente de que los auténticos dueños de las afores o sus beneficiarios, reclamen de pronto sus derechos y, entonces, el famoso Fondo se quedará sin más soporte que los mismísimos recursos del erario público. O todo se vendrá abajo.

Esto es solo un tema, pero la verdadera inquietud estriba en que López Obrador y su candidata no tengan lo que más anhelan: una mayoría calificada en el Congreso de la Unión que les resuelva todos sus problemas y que a una orden suprema, se cambien leyes, se modifique la Constitución o hagan lo que mejor les parezca a juicio, placer y deseo de la Presidencia. La realidad es que, con todo y su optimismo (la señora Sheinbaum lo dice a cada rato), tal mayoría calificada se ve más complicada que en las elecciones anteriores. Lo que es más, la cifra de diputados y senadores afines a su corriente, de suyo está en cierta manera amenazada por circunstancias diversas, muchas de las cuales han sido propiciadas por errores de los propios morenistas e incluso del presidente.

Como es conocido, la “mayoría calificada” se logra con 334 votos de 500 diputados y con 85 de 128 senadores. Esto significa las dos terceras partes establecidas por la Constitución para ser modificada o alterada. Actualmente, por lo que resta del sexenio, Morena y sus aliados no cuentan con esa mayoría y están a la expectativa de conseguirlo “a como dé lugar” el 2 de junio. La verdad es que no parece nada sencillo. Lo que es más, todo indica que a pesar de su avance territorial en el país, ya tiene Morena focos rojos en varias entidades: Guanajuato (con todo y que se culpa a su gobierno local de la terrible violencia), Yucatán (bastión panista y buena fama) y Jalisco, que pudiera perder posiciones pero en conjunto no arrojaría los diputados morenistas que espera. Y hay que considerar que esto es independiente de los procesos para elegir gobernador en nueve estados, incluyendo el nuestro.

Luego están las entidades que han sido golpeadas por malas administraciones de Morena, como en Morelos con Cuauhtémoc Blanco, Veracruz, con doble carga negativa por la pésima gestión de Cuitláhuac García y la candidata a sucederlo, la zacatecana Rocío Nahle, que no encuentra ya ni la puerta, o Campeche cuya inepta gobernadora Layda Sansores se peleó con medio mundo en su obstinación de mantener caprichosamente a su titular de Seguridad Pública, u otras como Zacatecas, Sinaloa, Michoacán, etc., que han sufrido tremendos golpes del crimen organizado. Y no hay que olvidar la ciudad de México que para muchos ya está perdida para el partido del presidente por su pésima elección de Clara Brugada y la soterrada inconformidad de Sheinbaum que ni siquiera pudo colocar ahí a su prospecto personal, Omar García Harfuch.

Sencillamente, todo suma y también, todo resta. Si agregamos otros ingredientes como el que López Obrador ya no será el factor tan determinante como antes y un elementos adicional del que se desconoce su impacto, como la violencia electoral que parece ya la peor en una jornada de este tipo, no hay mucha base para que el presidente, su partido y su candidata presidencial se sientan cómodos ante una perspectiva en la que pudiera ganar Palacio y enfrentar en la Legislatura condiciones totalmente adversas.


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