Buscando a Catarino

Monterrey /

El sexenio se aproxima a su fin, sin embargo, el enigma de López Obrador se mantiene intacto. Difícil saber si cuando otea al horizonte es resultado de una capacidad fuera de serie para identificar los tópicos que se avecinan o bien si es un distraído empedernido al que el vuelo de una mariposa puede sacar de concentración. Cabe también la hipótesis de una aguda mente de estratega político que genera distractores cuando así le conviene. Personalmente, creo que son todos. En ocasiones estamos frente al estratega, otras ante el visionario y algunas más padecemos al distraído. Saber cuándo está encarnando a cuál… eso ya es otra historia.

Veamos el caso del despliegue militar que está llevando a cabo en Panamá. Estamos enviando 80 efectivos de la Sedena y la Armada a un archipiélago panameño denominado Bocas del Toro. ¿Vamos hacia allá a aprender más acerca de cómo funciona el Canal de Panamá? No. ¿Nos dirigimos a la cintura de América para entender mejor la geopolítica de la región? Tampoco. La misión de estos oficiales es encontrar los restos de un periodista tamaulipeco que, tras un fallido intento de hacer la revolución en México, decide integrarse a aquellos que buscan hacerla en Colombia y encuentra la muerte a manos de grupos contrarios en Panamá.

Podremos discutir horas respecto de la importancia de la figura de Catarino Erasmo (que así se llamaba el personaje) para la simiente de la Revolución de 1910. Pero la relevancia del asunto no radica allí. Se ubica, en cambio, en decidir un despliegue de esa magnitud en el vecino país, cuando los reclamos de las madres buscadoras de los miles de desaparecidos en México claman porque el Estado cumpla con su obligación de ubicarlos.

Ante quién estamos, el genio, el loco, el estadista… mientras las madres cavan en México buscando a sus hijos víctimas de hechos que muy probablemente ocurrieron en esta administración, los soldados buscan en Panamá los huesos de un justiciero decimonónico.

“Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón”, reza el Antiguo Testamento. Loco, visionario o simple distraído, el corazón de AMLO late con más fervor por Catarino que por las madres buscadoras.


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