Democracias suicidas

Ciudad de México /

El mundo vivió dos virajes hacia la extrema derecha en menos de una semana. Mientras la segunda vuelta en Argentina dio el triunfo contundente a Javier Milei frente al ministro de Economía del gobierno, Sergio Massa, en los Países Bajos, las elecciones legislativas otorgan la mayoría de las curules –y con ello la posibilidad de formar gobierno– a Geert Wilders.

Si bien la etiqueta de extrema derecha pudiera resultar cómodamente ambigua para colocarlos a ambos en el mismo espectro político, no cabe duda de que hay paralelismos nada desdeñables que trascienden su simultaneidad.

Al igual que otros de sus “parientes ideológicos” exitosos, tales como Trump o Bolsonaro, estos individuos poseen una habilidad importante cuando se trata de comunicar con el gran público. Saben plantear mensajes breves, simples y que exigen una toma de postura que opone negro y blanco. Si bien no se trata solo de forma, tampoco podemos decir que su propaganda realmente posea un fondo. Traen a la mesa de debates temas muy concretos que abordan sin más argumento que lo epidérmico.

El gran éxito radica en hablar de aquello que a la mayoría de la población le preocupa y proferir en voz alta el pensamiento más básico y egoísta de la ciudadanía. Aun a pesar de los Derechos Humanos, la ciencia o el estado de derecho.

“Fuera los inmigrantes”, “El cambio climático no existe”, “Debemos desaparecer al gobierno” por mencionar solo algunas de las “ideas” que esgrimen estos recién llegados al poder.

La agenda, la verdadera, está en otro lado: ¿Cómo conciliar la democracia con las ideas que la fortalecen y no con las que la derrumban? En los casos de Argentina y de Holanda, veo dos herramientas político electorales que solían parecernos buenas alternativas para México desvanecerse en el horizonte. Por un lado, el balotaje como válvula de escape para permitir una primera ronda con un voto de expresión que acaricie las posturas extremistas, y una segunda vuelta que recentre al elector que, una vez habiéndose desahogado, se mesura. Por otro, el parlamentarismo como forma de incluir en el debate civilizado a extremos estridentes.

Habrá que construir nuevas alternativas.


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