Optimismo democrático

Monterrey /

Llámenme optimista, no lo considero una ofensa. Y es que de donde yo vengo, esas cosas no se veían. La cueva de las maravillas se dio cita en el debate organizado por el INE. Sí, hubo algunas fallas. Sí, pudo haber estado mejor estructurado, pero… sí, hubo debate.

Y cuando hablo de dónde vengo, no me refiero a un lugar; el territorio sigue siendo el mismo… pero ahora es tan otro. Porque de donde vengo es de otra época. Una en la que contar con una autoridad que convocara a todas las candidaturas presidenciales a debatir en igualdad de circunstancias ni siquiera se consideraba un sueño, se le tachaba de estúpida ambición.

Porque de allá de donde yo vengo, ver no una, sino hasta dos candidatas mujeres a la Presidencia de la República correspondía a la lógica de la fábula y no a la estricta realidad.

Dicen por allí que uno se acostumbra fácil a lo bueno y, cuando la gente se queja del debate, yo me siento como esas abuelas que miran con sorpresa a los nietos que dejan la comida, y se acuerdan de cómo ellas pasaron hambre.

Tengo el privilegio de ser parte de la generación que no solo atestiguó, sino que provocó la transición del país hacia la democracia. Veo con preocupación a sus protagonistas poco a poco extinguirse, y cómo nos vamos quedando solos los que fuimos testigos, porque a ese rol nos empujaba la edad que teníamos.

Nos toca ahora ser guardianes de la memoria. Contar que, aunque había partidos, solo uno ganaba. Contar que cuando un periodista ofendía al presidente, la gente comentaba con normalidad que lo habían “guardado un ratito”, aludiendo a que no se encontraba más al aire porque lo habían encarcelado.

Así que me van a perdonar si me gana el entusiasmo cuando veo a dos mujeres plantadas tratando de dar lo mejor de sí. Cuando veo a un joven articulado presentar un diagnóstico del país. Y, sobre todo, cuando veo cómo un segmento completo del debate se destina a plantear soluciones a problemas que hasta hace poco nadie veía, como las desigualdades de género o los derechos de las minorías.

Ha sido un largo viaje para llegar hasta aquí, por eso decido disfrutar de la vista, en lugar de quejarme.


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