Primero lo primero

Monterrey /

En el análisis de las políticas públicas se invita a que se evalúen a partir de tres preguntas subsecuentes. Primeramente, si estamos haciendo algo para resolver el problema público al que se destinan. De ser el caso, el siguiente cuestionamiento es si estamos haciendo lo correcto para darle solución o, al menos, atemperarlo. Por último, y solo cuando los primeros dos han tenido una respuesta afirmativa, cabe el tercer tópico, saber si lo que estamos haciendo se está ejecutando de forma eficiente.

Pero la eficiencia se ha coronado como la protagonista de casi cualquier crítica a la administración pública, incluso a despecho de los otros dos factores que deben antecederla: la acción y la pertinencia de esa acción.

Nos quejamos de los despilfarros, pero estamos ciegos ante los subejercicios, los cuales, en un país con las carencias que tiene el nuestro, son un verdadero escándalo. Nos perdemos en los vericuetos de los sistemas de compras, pero dejamos de lado el analizar si lo que se compró era lo verdaderamente necesario. Seguimos el árbol genealógico de todo proveedor del sector público hasta tres generaciones atrás y buscamos conexiones y conflictos de interés de toda su parentela y amistades, pero desatendemos a dónde van a parar los bienes

que se adquirieron.

Nos escandaliza el número de burócratas, sus salarios, las horas que dedican a estar en su escritorio, pero nunca averiguamos a quién y cómo lo sirven. La discusión en torno al Poder Legislativo gira siempre en torno al número de curules, a la cantidad de iniciativas presentadas o al récord de asistencias. ¿Quién evalúa la idoneidad de lo planteado en tribuna con respecto a la realidad del país?

La vigilancia sobre el ámbito público, efectuada de esta manera no solo aporta poco, sino que sirve de coartada para desatender las cuestiones de fondo. Tenemos que regresar al centro a la agenda; concentrarnos en saber a qué problemáticas debe enfocarse el actuar gubernamental y cómo garantizar su éxito. Entonces tendrá sentido si lo podemos hacer de forma más ágil o menos cara. De no ser así, analizamos la eficiencia de forma por demás ineficiente.

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.