Silogismos

Monterrey /

Para Anaís, mi niña amada, y su lógica implacable.

Si la inteligencia es un don, el pensamiento, en cambio, es una construcción. Y en su montaje intervienen elocuentes arquitectos, por ejemplo, los grandes autores a los que tal vez nos acogemos cuando queremos dar sustento a alguna tesis, pero también participan, a veces en mayor cantidad, silenciosos albañiles, cuya contribución llega a ser enorme, pero muy poco conocida.

Ayer murió una persona que para mí –y a juzgar por los comentarios a la noticia de su fallecimiento, para muchos más– tuvo ese rol definitorio para el andamiaje de mis reflexiones. Se llamaba Edna Alanís y fue mi maestra de lógica en preparatoria.

Rigurosa en sus clases, aparentaba ser mayor de lo que, apenas me entero, realmente era. De hecho, para todo fin práctico, con cinco años de más que su alumnado, era, de hecho, nuestra contemporánea.

Edna trajo a mi vida unas cuantas palabras que constituían todo un idioma nuevo: Barbara, Celarent, Darii, Ferio… quienes conocen un poco de la lógica aristotélica bien saben que, más que vocablos, se trata de claves que nos permiten codificar un silogismo. Esa maravillosa construcción que hermana una premisa mayor, una premisa menor y su conclusión. Las bases de la comprensión. El material del que está hecho el universo del saber.

Las clases de Edna tuvieron para mí el mismo impacto que ver por primera vez a través del microscopio. Integraron a mi mirada unos lentes que me acompañarían para siempre, permitiéndome ver al mundo de las ideas como algo más congruente que un simple amasijo de palabras.

Invadida por los recuerdos que me trajo esta noticia, pregunté a varias jóvenes universitarias si sabían el significado de las clasificaciones codificadas a las que me referí. Todas me miraron como si hubiera perdido la razón. No saben que no solo no la perdí, sino que, de alguna forma, con el recuerdo de Edna, la recuperé. No sé cuánta gente esté llorando a esta maestra, en lo que a mí respecta, nunca dejaré de agradecer por su vida y por el impacto que ella tuvo en la mía.


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