Todos presos

Monterrey /

El viernes se presentó en Monterrey el libro El Delta de los Privados, de Pablo Hoyos. Se trata del relato a cuatro voces de las vivencias de una familia en la que el padre fue privado de la libertad y sentenciado a una pena de 37 años. Cuando había purgado diez, cuando había perdido ya la oportunidad de ver crecer a sus hijos, lo pusieron fuera de la cárcel en plena madrugada porque quedó evidenciada su inocencia. La década tras las rejas no fue fácil, pero la salida tampoco.

La historia me trajo a la mente una conversación con un integrante de la administración penitenciaria, quien me dijo: “Nunca construyas una cárcel en la que no estés dispuesta a quedarte, porque es muy fácil terminar allí”.

Ni siquiera hace falta infringir la ley. Podemos terminar en prisión imputados injustamente. Podemos ir a la cárcel en el marco de la prisión preventiva y estar allí largo tiempo esperando que los jueces siquiera revisen nuestro caso. Pero podemos ir también porque alguien de nuestra familia está tras las rejas. Y entonces, sin ser directamente inculpados, vamos a cruzar esos muros. Aun y cuando salgamos, estaremos siempre presos de ellos, por la preocupación, por el recuerdo, por el costo en todos los sentidos y de manera muy subrayada en el económico, que representa tener un familiar en la cárcel. No podemos perder de vista que pasa hambre el de adentro, pero también su familia afuera. Sufre la soledad la persona privada de su libertad, pero también quienes lo añoran del otro lado del muro. Se desgarra la familia de quien está recluso, pero también la del resto de sus integrantes.

No construyas una cárcel en la que no estés dispuesta a quedarte... las palabras siguen resonando en mi mente. La verdadera prisión la hemos levantado entre todos, porque nos hemos creído la fantasía de que los muros nos separan. No nos hemos dado cuenta de que lo que allí se incuba nos tiene presos. Cuando nos distanciamos de lo que allí viven las personas privadas de su libertad y sus familias, estamos generando el mejor caldo de cultivo para la violencia y de esa sí que terminaremos todos prisioneros.


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