La alegría de vivir

El “síndrome” de la cabaña

Omar Cervantes

Ahora que paulatinamente volvemos a la “nueva realidad” en México, mientras en el mundo ya algunos países pasaron por esa fase de reactivación social y económica, existen diversos textos que hablan del “síndrome de la cabaña” que, sin ser un término clínico o médico, se refiere a las características de inseguridad que suelen mostrar algunas personas después de varios meses de estar confinadas y que presentan al salir de casa, con muchos temores y dudas.

El miedo a salir de casa o “cavinfever” por su término en inglés, se refiere a un estado anímico, mental y emocional que se ha estudiado en personas que, tras pasar un tiempo en reclusión forzosa, han tenido dificultades para volver a su situación previa al confinamiento y que, aunque no es aún clasificada como patología o trastorno, sí refiere a síntomas que se han presentado en diversos estudios psicológicos y del comportamiento humano.

Al leer diversos textos referidos sobre este síndrome, muchos de ellos realizados en España, país al que el coronavirus y sus devastadores efectos llegaron antes que a México, imaginé a personas con rasgos o con trastorno obsesivo compulsivo que han decidido permanecer autoconfinadas hasta que el virus se haya exterminado por completo o bien, si tiene que salir, mantienen un estado de alerta permanente o miedo extremo a contagiarse que puede generarles ansiedad y angustia.

Son personas que, por algún rasgo psicodinámico, muchas veces combinado con una salud física con tendencia al malestar, realizaron un aislamiento total durante semanas y meses y que al tener que salir, les cuesta mucho trabajo recuperar la confianza que tenían antes de confinarse y actuar con normalidad, en un mundo que ahora consideran es peligroso y de alto riesgo para ellas.

En estos casos, las sugerencias de reinserción indican dos factores indispensables para prosperar de una forma más funcional: aceptación del miedo o angustia y, paulatina vuelta a las rutinas anteriormente cotidianas.

La aceptación de que se tiene miedo o angustia y trabajarlo muchas veces con acompañamiento terapéutico, es un primer gran paso para restarle poder a esta fobia que, si no se enfrenta correctamente puede crecer de manera inconmensurable.

De igual forma, para estas personas es recomendable tener un plan bien establecido que incluya una muy lenta y paulatina vuelta a las actividades que se hacían anteriormente, con horarios establecidos, actividades concretas y medidas de seguridad e higiene que les brinden seguridad para salir a la calle.

Algunos, sobre todo aquellos que han minimizado la existencia o el impacto del virus o quienes no se han apegado a las medidas de sana distancia, podrían pensar que estos casos son exagerados o inexistentes, pero en realidad es un fenómeno de conducta humana que suele presentarse en escenarios similares como en los pacientes que salen de una clínica de adicciones, las personas privadas de su libertad cuando salen de cumplir condena y otros casos con cambios radicales en las condiciones del ser humano como incluso las personas divorciadas que desean rehacer sus vidas después de algún tiempo o quienes han vivido algún tipo de duelo.

En las clínicas de adicciones, por ejemplo, usualmente una semana antes de dar de alta al paciente, suele elaborarse su plan de vida ahora que sabe que padece una enfermedad y se le dan las herramientas para prevenir posibles recaídas y aprender a vivir con su condición para siempre.

En tanto, para las personas privadas de su libertad existe todo un programa, como su nombre lo indica, de readaptación o de reinserción social, que les permita ser funcionales al volver a la vida cotidiana.

Podría el lector preguntarse por qué ponemos a los divorciados o a las personas que han pasado por un duelo, en una condición similar a las anteriores, a lo que indicamos que todas ellas tendrán que pasar por un proceso de aceptación y adaptación a su nueva realidad que a algunas cuesta más trabajo que a otras.

Sea que se padezca del “síndrome de la cabaña” o de algún tipo de trastorno mental o emocional, nuestra sugerencia siempre será la de buscar acompañamiento profesional, sobre todo en aquellos casos en que admitir la nueva realidad puede ser más difícil que para otros.

Muchos procesos de cambio no se afrontan sólo con “echarle ganitas”, con “ánimos” o con “confiar en que todo está bien”, a veces es necesario vivir un proceso de acompañamiento que inicia con la aceptación del estar disfuncional en que se encuentra la persona.

Cualquiera que sea su caso, le deseamos feliz y sereno retorno a la vida cotidiana que nos depara la nueva realidad tras el largo confinamiento que algunos han vivido, con la responsabilidad adicional de continuar las medidas sanitarias que eviten propagar aún más el virus y sus efectos.

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