Sin máscaras

Ciudad de México /

Mi padre fue un militante priista de la generación de la Segunda Guerra Mundial, luchando por la consolidación del PRI —entonces liberal— en contra del PAN. Hoy evoco a mi progenitor viviendo un momento parecido de lucha entre dos corrientes.

Los últimos seis años los mexicanos de la generación de la posguerra hemos presenciado un fenómeno sin precedente: la caída de un régimen político consolidado a lo largo de 40 años en una alianza PRI-PAN y el ascenso exponencial de otro, que inició su revolución en el seno del PRI protestando por su vuelco a la derecha, fundando al PRD y consolidándose en Morena.

En seis años Morena y sus aliados se apoderaron de la mayoría del país ganando sus gobiernos estatales. En seis años finalmente la oposición dispersa, desorganizada, diezmada, manifestó este domingo pasado su máxima expresión organizada, que coincidió con el último debate entre dos mujeres que por primera vez, en la historia del país, una de ellas será la próxima presidenta de México.

Lo que me ha sorprendido más de todo es: ¿por qué la oposición termina esta contienda, que culminará en elecciones históricas en apenas 10 días, enarbolando casi a calca los programas que han llevado a Morena al poder? Apenas a principios y a lo largo de este sexenio hay evidencias del ex oficialismo criticando estas “dádivas, producto del populismo”, etcétera, consolidando su mejor propuesta con mejorarlas. ¿Acaso entonces, de ganar la oposición, veremos realmente una continuidad de las bases políticas más fundamentales de Morena, que son mejorar la rampante desigualdad y violencia que heredó de ellos?

Para muchos mexicanos que hemos participado en la consecución de nuestros más profundos ideales, militantes como yo o no militantes, si dos contendientes luchan con las mismas armas, la que seguramente ganará será la que representa a Morena, que ha logrado efectividad probada reciente y observable en la disminución de la pobreza, la generación histórica de un naciente mercado interno que empieza a mostrar ser capaz de ser el pivote del crecimiento de la economía, y finalmente de haber logrado revertir el tsunami de la violencia heredado. La oposición conservadora necesita inventarse un arma propia para contender y quitarse la máscara.


  • Patricia Armendáriz
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.