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Ciudad de México /

En la UNAM tuve profesores de la talla de Eduardo Nicol, Conrado Eggers Lan, Juliana González, Carlos Pereyra, Graciela Hierro, Paola Vianello y Adolfo Sánchez Vázquez. Con este último leímos los Manuscritos económico-filosóficos del 44, en el que encontré un filósofo que me hizo comprender lo que antes creía y no sabía expresar.

De entrada, Sánchez Vázquez aclaró que él expondría su cátedra; nosotros escucharíamos, leeríamos y solo podríamos hacer preguntas al final del curso. Cada clase anotaba mis dudas. Conforme se acercaba el final del curso comencé a repasarlas y me di cuenta de que la veintena de preguntas se redujo a una, misma que formulé: “Usted dice que por la fuerza de las estructuras económicas en su devenir histórico ocurrirá una revolución en este país, pero yo no veo cómo ni cuándo. ¿Cuándo y cómo podría ocurrir?”

Recuerdo que sonrió, cosa rara en ese hombre ya muy viejo y cansado, y me dijo algo así como: “Bueno, ocurrirá, de eso no hay duda. ¿Cuándo o cómo? Eso sí no se lo puedo decir, pero podemos trabajar para ello. Ninguna mano, ninguna mente sobra: todas son necesarias y ocurrirá algún día, sin duda”. Me fui con esa especie de promesa: habrá una revolución de la que surgirá un México menos injusto, con menos desigualdades económicas.

He vivido en el momento privilegiado que Sánchez Vázquez anunció, solo que el cambio se ha dado sin violencia y por lo mismo de manera lenta. No ha sido una revolución sino una evolución o una transformación. Sin quitarle nada a nadie, sin una sola bala, se reorientaron las prioridades: primero, los pobres ¿por qué? Por el bien de todos. Porque para los ricos habrá menos amenazas cuando exista menos pobreza y para los pobres habrá menos desigualdad cuando dejen de serlo.

A nadie se le quitó ni se le quitará nada: es democracia en serio, democracia a favor del demos (pueblo). Yo lo veo como algo similar a lo que otrora llamamos “socialismo francés”, en el que no se le quitó nada a nadie, simplemente se reorganizó la economía y lo que ahí sucedió continúa dando frutos a pesar de todo lo que ha cambiado Francia.

Hoy en México quienes no pagaban impuestos los pagan; se acabaron los lujos para las autoridades; se crearon 100 pequeños centros universitarios en los rincones más alejados e inaccesibles para que los más desprotegidos accedan a la educación; cada familia cuenta con un tipo de ayuda, sea beca para un estudiante o ayuda para un anciano; el salario mínimo, con el que todo se tasa, aumentó un 110 por ciento… y así podría seguir. Me dirán que no se ha erradicado la pobreza y es verdad: eso tomará tiempo y por eso, México debe continuar con ese proyecto.

Sánchez Vázquez no vivió para ver que su promesa se cumplió: algunas de sus alumnas podemos verlo y sentirnos privilegiadas por existir en un momento histórico para el país.


  • Paulina Rivero Weber
  • paulinagrw@yahoo.com
  • Es licenciada, maestra y doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en temas de Ética y Bioética, en particular en los pensamientos de los griegos antiguos, así como de Spinoza, Nietzsche, Heidegger.
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