La conciencia

Estado de México /

En español tenemos dos palabras muy semejantes que comparten la misma raíz latina. Una es la palabra “conciencia” y la otra la palabra “consciencia”. El diccionario de la Academia nos informa que provienen del latín “conscientia” y a la forma sin la ese entre la ene y la ce le pone como primer significado el de “conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios”. Propone además otras cinco acepciones, de las cuales la quinta indica el significado de “consciencia”, es decir, entre los significados de “conciencia” se halla también el de “consciencia”. Al buscar “consciencia” se encuentra que significa el “conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones” y también la “facultad psíquica por la que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo”.

Los significados que aquí señalamos nos llevan a dos ámbitos, el moral, por una parte, generalmente designados por la palabra sin la ese entre la ene y la ce, y el psicológico, para el que suele usarse la palabra con la ese entre las letras mencionadas, aunque puede escribirse también sin la ese.

Quiero referirme aquí sobre todo al significado moral del término, que designa una realidad importante para la vida de todo ser humano, porque la pregunta sobre el bien y el mal es una pregunta básica a la cual tenemos que dar respuesta de una u otra manera en la medida que nos vamos desarrollando personal y socialmente.

La cuestión no es meramente individual, como si fuera un problema que no rebasa los límites de lo privado. El fondo de la cuestión es ciertamente personal, puesto que es cada persona el sujeto de la conciencia, pero al mismo tiempo y con ese fundamento es eminentemente social, puesto que somos por naturaleza seres sociales y la convivencia implica necesariamente referentes morales, incluso a falta de referentes jurídicos en que pudieran encontrarse personas o comunidades.

De hecho los códigos legales surgen de unas exigencias morales que los preceden. Si una ley humana reprueba, y castiga, por ejemplo, el homicidio, es porque se ha descubierto antes la necesidad moral de respetar la vida humana. Por ello, aunque la ley impuesta por las autoridades, por ejemplo del Estado, puede estar caracterizada por la coacción que puede usarse para exigir su cumplimiento, la convicción de las personas es mucho más importante para el respeto de dicha ley. Esto significa que es necesario, si queremos una sociedad más justa, trabajar seriamente en la formación de la conciencia.


  • Pedro Miguel Funes Díaz
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