Voluntad y libertad

Estado de México /

El ser humano se distingue por sus particulares capacidades de conocer y de tomar decisiones. Las facultades que posee para ello se denominan inteligencia y voluntad. Gracias a la primera resulta posible captar, en alguna medida, las cosas del mundo y de sí mismo, y de afirmar o negar lo que son. Por la segunda se inclina, por iniciativa propia, a actuar más allá del instinto y, por lo mismo, a ser responsable de sus actos. El objeto o fin de la inteligencia es la verdad, mientras que el de la voluntad es el bien, lo cual indica aquello hacia lo que tiende cada una, pero no que los haya alcanzado a la perfección.

Es un hecho patente que no existe otro animal comparable en esto al ser humano. Ya el lenguaje articulado pone esto de manifiesto, así como la constatación de que no pueden encontrarse animales religiosos, filósofos o científicos. De la misma forma, no se encuentran animales a los que se pueda atribuir la responsabilidad de sus acciones, ni llevar a juicio, por más que nos resulten admirables y fascinantes.

La libertad humana se entiende en relación a estas dos facultades, porque solamente se pueden considerar libres aquellos actos que provienen de decisiones en las que ellas intervienen. Si se sabe lo que se hace y se decide hacerlo, entonces se es responsable, porque es un acto libre.

La libertad implica, pues, responsabilidad, y esto exige entonces que nuestras decisiones, sobre todo aquellas de mayores consecuencias para uno mismo y para los demás, se tomen con la suficiente seriedad. Es necesario conocer y evaluar los diferentes aspectos de una situación y las alternativas de acción o de solución de un problema, o de los caminos a seguir, ya sea en las decisiones puramente personales, ya en las que exigen nuestra participación comunitaria y social.

Una buena decisión es resultado, entonces, del conocimiento de la realidad, especialmente de la realidad más profunda e importante, de ahí la frase de Jesús: "la verdad os hará libres". Pero también es resultado de una voluntad que se inclina al bien auténtico, porque además de saber hay que querer.

En esta perspectiva, la verdad y el bien son puntos de referencia esenciales de la ética o la moral. Ciertamente, como seres limitados, como criaturas, no somos dueños absolutos ni de la una ni del otro, pero esto no les disminuye su importancia, ya que la vida se ha de comprender como un proceso para cada día acercarnos más a ellos, personal y socialmente.


  • Pedro Miguel Funes Díaz
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