Hormigas

Vigencia de Ramón López Velarde

Porfirio Hernández

A Enrique García, in memoriam

#JusticiaParaKikeGarcía

El hecho de conmemorar a un poeta muerto cien años antes significa no solo admiración por su obra y sus enseñanzas, es un signo inequívoco de que esa obra mantiene vigencia estética para sus lectores un siglo después y que la lengua desde la que la compuso goza de cabal salud. De muy pocos autores puede decirse lo mismo: Ramón López Velarde es un caso excepcional, pues su poesía se mantiene incólume en su misterio lírico y en su belleza lingüística, sin contar esa continuidad expresiva que mantiene con este tiempo, al que mucho le dice su obra fundamentalmente poética.

Ramón López Velarde nació en Jerez, Zacatecas, el 15 de junio de 1888, y murió en Ciudad de México el 19 de junio de 1921. Escribió una obra breve, si se considera que en vida solo publicó dos libros: “La sangre devota” (1916) y “Zozobra” (1919) y el gran poema que le dio memoria perdurable aun entre quienes no lo han leído: “La suave Patria” (en la revista “El Maestro”, 1921), que resume su visión del país convulso y magnífico producto de la Revolución, que por entonces él pudo loar con depurada técnica lírica. Aun con esa brevedad, cada poema suyo es un ejemplo de poesía compleja y simple, eufónica, misteriosa y clara, profunda y luminosa, expuesta en el vehículo de los valores amorosos, cruzada por el escepticismo del artista inconforme con su realidad. Es un poliedro de muchas caras, de ahí que leerlo ahora sea una experiencia revitalizante de la voz perenne que evoca su lirismo y se consume en él, revisitado.

Porque la obra de Ramón López Velarde no puede dejar de leerse. Luego de su muerte, se editaron “El son del corazón” (1932), “Silabario del corazón” (1933), y los libros de prosas “El minutero” (1923) y “El don de febrero y otras prosas” (1952), así como la correspondencia que sostuvo con su amigo Eduardo J. Correa, que contiene muchas de las claves para entender a cabalidad la poesía del jerezano muerto por pleuresía en la que hoy se llama “Casa del poeta Ramón López Velarde”, en la avenida Álvaro Obregón, en la colonia Roma de Ciudad de México.

El magnetismo de esa obra profunda y reveladora sigue vigente, luego de los estudios que le dedicaran, entre muchos otros, Xavier Villaurrutia, Allen W. Phillips, Octavio Paz, Gabriel Zaid, Guillermo Sheridan y Fernando Fernández, además de las reediciones de su obra en formas de antologías, obras completas, estudios de aspectos poco conocidos de su vida, análisis de poemas y, desde luego, la evocación constante del oficialismo que ve en él al “poeta nacional” por excelencia, gracias a “La suave Patria” de 1921, un poema fulgurante en verdad, pero que quizás dé una sombra indeseable al resto de su obra, también digna de toda la atención de las y los lectores de poesía. Léelo y lo comprobarás

Porfirio Hernández

facebook.com/porfiriohernandez1969


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