El Patio

Ciudad de México /

El Patio ha desaparecido y una época de la ciudad se ha perdido entre los escombros de sus últimas piedras. Recordé que yo mismo escribí una de esas viñetas del pasado en Perseguir la noche. En lugar de parafrasear prefiero citar algo de esas páginas. Aquí las repongo: Del territorio de mi infancia emergieron recuerdos acompañados de nombres de una época en la cual mis padres eran jóvenes. Kay Pérez y su Orquesta es uno de ellos. Se llamaba Cayetano Pérez Vega y durante años dirigió la música de El Patio, el mejor centro nocturno de la Ciudad de México. Acompañó a Raphael, Rocío Dúrcal, Los Platters, Louis Armstrong, Charles Aznavour, Toña la Negra, José José.

El músico Kay Pérez tiene que ver conmigo mucho más de lo que yo mismo imaginaba, pues durante años dirigió el programa Orfeón a Go-Gó que yo no me perdía los jueves en la noche. Me acuerdo de los Rockin Devil’s y de Johnny Dynamo. Me pregunto si algunos nombres pueden iluminar a toda una ciudad.

Yo debutaba en la adolescencia, 1969. El nombre de Zhabotinsky, el supermán ruso que retuvo la medalla de oro levantando un peso inhumano, aún resonaba en ese tiempo. Vera Caslavska había embrujado a los hogares mexicanos con una elasticidad inverosímil. Los diarios anunciaban una colonia exclusiva, La Herradura: “Tome por la calzada del Conscripto y llegará al paraíso”. Las tiendas Minimax tiraban la casa por la ventana con ofertas increíbles, y en tres segundos el chocolate en polvo Milo estaba diluido en el vaso con leche. Aún llevo estos nombres enquistados en la memoria.

Recordé El Patio y a la Orquesta de Kay Pérez por una fotografía en la que un grupo de parejas bebe en una mesa del centro nocturno. La imagen llevaba meses en mi escritorio con un apunte. Desde luego ahí estaban mi papá y mi mamá. No sé a quién oyeron esa noche, sólo sé que Kay Pérez dirigía esa madrugada los sueños de los adultos que poblaban la mesa. Había botellas de Bacardí y Don Pedro.

Se llamaban centros nocturnos y evocaban la vida y las aspiraciones de los night clubs. La memoria de mis papás en las noches de su juventud: el Molino Rojo, el Olímpico, el Ba-ba-lú, el Bagdad, el Ciro’s, el Salón Maya del hotel Reforma, en fin, seguro he trazado sin saber el perímetro de una ciudad.

Estoy convencido de que en esos nombres está contenida una parte de mi vida. Dices la palabra y el escenario se ilumina: El Patio.


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