París en México

Prácticas Indecibles

Rafael Pérez Gay

Rafael Pérez Gay
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Grabé una emisión de La otra aventura con el tema de París y las letras. Recordé entonces esta breve historia de la Ciudad de México: las ciudades guardan en los mapas de su pasado secretos y misterios nunca revelados. Uno de ellos, incomprensible, la demolición del Gran Teatro Nacional en 1901. La trama es conocida: el gobierno federal compró el teatro para restaurarlo, pero luego de un tiempo decidió demolerlo para prolongar la avenida Cinco de Mayo hacia la calle Mariscala. Entre los derribos del Teatro Nacional, los urbanistas porfirianos decidieron sustituirlo por un nuevo teatro: el Palacio de Bellas Artes.

El hechizo de París derribó cientos de edificios. Porfirio Díaz y sus socios no sólo vieron en los terrenos de la ciudad un gran negocio sino un emblema del futuro. Según el sueño porfiriano, el destino de nuestras calles era París y la muy pequeña Ciudad de México, repleta de callejones laberínticos y palacios coloniales, impedía el desarrollo.

Todo gran proyecto urbano oculta fortunas inmensas. Esta puede ser una de las razones que esgrimieron los arquitectos porfirianos para derribar el Teatro Nacional: no existen ciudades modernas sin grandes avenidas. Los franceses le llamaron “embellecimiento estratégico”, llevado a cabo por el barón Haussmann en el París del siglo XIX, el hombre a quien Napoleón encargó las grandes reformas de la ciudad de París.

La idea de una nueva ciudad se abrió camino en la calle de Vergara, Betlemitas y el Callejón de la Condesa, a la altura de Bolívar. Una mañana de aquel año, quienes caminaban por Cinco de Mayo no volvieron a ver el Teatro Nacional sino el cielo abierto y bajo los terrenos del convento de Santa Isabel, delante del Mirador de la Alameda. En ese espacio se construyó el nuevo Teatro Nacional, Bellas Artes.

Haussmann se llamaba a sí mismo “Artista Demoledor”: destruyó el París viejo y construyó el nuevo. La demolición del viejo Teatro Nacional construido en 1842 marca en la Ciudad de México el fin de la vieja ciudad colonial que Díaz llevaba años derribando calle a calle y piedra sobre piedra para darle lugar al sueño inacabado de la nueva Ciudad de México que aún no ha desaparecido del todo.

El Palacio de Bellas Artes fue un símbolo de la Ciudad de México: un sueño inacabado, interrumpido por una guerra civil. En ese tiempo, una ciudad creció alrededor de ese monumento puesto en el altar del porfiriato.

Rafael Pérez Gay

rafael.perezgay@milenio.com

@RPerezGay

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