Zóster

Ciudad de México /

Mi médico Kraus me lo dijo con el aldabonazo de una seria advertencia: vacúnate contra el herpes zóster, pega durísimo. Una mañana tralala salí de la alberca no sin cierta superioridad moral cuando sentí una irritación en la espalda baja. Obvio, se trataba de las primeras lesiones del herpes. Le llamé a Kraus y le conté. Me llamó terco y actuó de inmediato: Rapivir y Meticorten sin perder tiempo, Caladryl si molestaran mucho las irritaciones y las inflamaciones en la piel, las vesículas.

Y aquí estoy, días malos y regulares. Al principio parecía que la mano venía suave: molestias, febrícula, dolor moderado. Un dolac, dos dolacs, tres dolacs al día.

Ya he escrito en otra página que el dolor es ante todo un trabajo pesado en la oscuridad de la mina de nuestro cuerpo. Averigüé: el herpes zóster es la reactivación del virus de la varicela. Ese virus migra por las terminaciones nerviosas desde la piel hacia el ganglio. Dura dos semanas y en algunos pacientes puede persistir una neuralgia postherpética.

La soberbia: sé del dolor, a mí esto no me vence. Pero desde el fondo del costado izquierdo de la mina, hasta el tiro de las lesiones herpéticas, un extraño dolor no insoportable, pero fijo en su tenacidad, me convencía de que podría derrotarme. El dolor se olvida, pero no la tristeza que arrastra a la carreta de la vida. Esto lo sé: si un dolor te asalta y toma la plaza de la mente, o cualquier cosa que esto quiera decir, estás fuera de combate.

Me encuentro en el tiro de la mina en trabajos forzados. Pienso en la tremenda fortaleza del cuerpo y en su fragilidad definitiva. El dolor es una alarma, no el padecimiento mismo. Mi alarma está encendida. Las causas del zóster: estrés, una infección desgastante, cansancio y debilidad.

No me voy a meter en camisa de once varas con el asunto del estrés, pero siempre que no tenemos una explicación para algún padecimiento decimos que se trata de estrés. Como soy un hombre de ciencia espero que Dios quiera que todo esto termine en un puerto de sol. Acá ando.

Vuelvo al principio y hago mi labor para la comunidad, cualquiera que ésta sea: ¿ya se vacunaron? Sí, cuesta algún dinero, pero mejor que trabajar doble jornada en el tiro de la mina. Por lo demás y como dijo Dante Alighieri: quien sabe del dolor, todo lo sabe. Pero no es mi caso.


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