Poder Judicial podrido

Política zoom

Ricardo Raphael

Ricardo Raphael
Ciudad de México /

Lo que está podrida es la relación entre los poderes Ejecutivo y Judicial. La desconfianza parece no tener remedio. No alcanzaron los esfuerzos del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, para tender puentes: la barranca que los separa se hace más grande todos los días.

Ayer en La Laguna, Andrés Manuel López Obrador acusó al Poder Judicial de estar “podrido.” Afirmó que jueces, magistrados y ministros están al servicio de grupos de intereses creados y también de padecer una mentalidad ultraconservadora.

Si bien dijo que había excepciones, supuestamente para no generalizar, en la realidad generalizó.

No distinguió entre la justicia local y federal, entre jueces de distrito, tribunales y la Corte; tampoco entre ramas del derecho o entre regiones del país.

Sentenció, pues, sin ofrecer apelación posible.

Explicará el Presidente de la República que su pecho no es “bodega”, frase con la que suele desentenderse de las consecuencias políticas de sus declaraciones irresponsables.

¿Por qué una persona común habría de respetar cualquier acto derivado del Poder Judicial si el Presidente los descalifica como la obra de una instancia rematadamente podrida?

Los señalamientos presidenciales encaminan al desacato de la ley y sus interpretaciones. No solo subvierten el respeto que el Poder Ejecutivo habría de otorgarle al Judicial, sino que propician la subversión popular frente a cualquier acto de autoridad derivado de los tribunales y los juzgados. Actuando como lo hace, López Obrador atiza la animadversión y coloca a los jueces sobre el templete del linchamiento.

Es innegable, dentro del Poder Judicial hay funcionarios que se desempeñan sin la probidad esperada; también lo es que este mismo mal recorre al conjunto del Estado mexicano, incluido el gobierno federal. Sin embargo, decretar la podredumbre generalizada no es una fórmula para la reforma de lo que no sirve, sino un llamado para encender la hoguera y quemar todo cuanto existe.

Zoom: Hay días en que los discursos de López Obrador llaman a cortar cabezas y quemar la Bastilla. En estas circunstancias es difícil olvidar que, posterior al prólogo de la guillotina, el pueblo francés terminó gobernado por la voluntad arbitraria de un dictador.

@ricardomraphael


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