Artículo mortis

Los candidatos

Roberta Garza

El pasado fin de semana MILENIO organizó un debate entre los candidatos a gobernar Nuevo León. En general fue buen ejercicio, cortés y puntual. El problema comenzó cuando los invitados comenzaron a hablar, pasando a decir cosas como estas: “El covid nos enseñó a valorar la vida, la libertad”. “Hay que gestionar más vacunas para que no se nos vaya tanta gente al cielo”. “Voy a buscar apoyo de organizaciones religiosas para que nos ayuden contra la violencia de género”. “La Cuarta transformación es paz, es combate a la corrupción y a la delincuencia”.

Luego estuvo la sintaxis: la mayoría de los ponentes parecían incapaces de formar frases con sujeto, verbo y predicado en orden, o siquiera existentes. Y no, no es un asunto superfluo ni corresponde a tener mayor o menor talento para la oratoria, que eso es otro asunto; ese nivel de pobreza verbal lo que manifiesta es una profunda incapacidad de generar y procesar ideas, de organizarlas y de comunicarlas de manera eficiente, lo que demostraron con creces las pocas veces cuando algo se les entendía y nos regalaban perlas como las de arriba o, en el mejor de los casos, los peores lugares comunes como de discurso de reina de belleza, prometiendo, de llegar ellos al poder, que acabarían con la pobreza, con la contaminación y con el sufrimiento del mundo.

Pero olvidémonos de esos detallitos y vayámonos a las trayectorias. Cuando Adrián De la Garza liberó el video de Clara Luz Flores sentada en adoración frente a Raniere, a quien realmente ayudó fue a Samuel García, quien dio un brinco en las encuestas para tumbar a Flores y darle casi nada al priista. Acto seguido, De la Garza, ya encarrerado en sus guerritas de lodo, soltó fotos de García junto al June, o Gilberto García, uno de los lugartenientes de Juan García Abrego. El asunto aquí es que el candidato tenía unos seis años y que el padre del June, Gilberto García Acevedo, y el abuelo del candidato, Samuel García Acevedo, son hermanos, y siempre es delicado juzgar la portación de familiares prohibidos. Sobre todo, cuando en la primavera del 2019 el operador de los Zetas en Europa y principal importador de coca de América a Europa vía España, Juan Manuel el Mono Muñoz, fue arrestado en Madrid, y entre sus comunicaciones incautadas figura prominentemente el entonces alcalde de Monterrey y antes procurador de Justicia de Nuevo León entre 2011 y 2015: Adrián de la Garza. Y no son los únicos: es imposible pensar en Fernando Larrazábal sin recordar el terrible atentado contra el Casino Royal a días de que le agarraran al hermano haciendo cobros de piso a esos negocios.

Las damitas no cantan mal las rancheras; dos de las tres candidatas han sido participantes activas en sectas cuyos fundadores fueron luego develados como estafadores y abusadores sexuales consuetudinarios; al destaparse sus respectivas cloacas, una de ellas lo negó tres veces y la otra lo defendió hasta la ignominia.

¿Qué no hay en Nuevo León figuras públicas capaces de entusiasmar, de hacer buena la fama de vanguardista, valiente y moderna que algún día tuvo la ciudad? ¿Realmente es eso todo lo que hay bajo la sombra del Cerro de la Silla?

Roberta Garza

@robertayque


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