Deporte al portador

El Canelo también pelea fuera del ring

Román Revueltas Retes

Que no emociona el Canelo, dicen. En un país de legendarios boxeadores, su figura despierta críticas y denuestos siendo que su palmarés es absolutamente brillante.

¿Qué esperan de él, señoras y señores? ¿Cómo quieren que se plante en el ring? ¿Qué actitudes debería de exhibir el hombre y qué modos tendría que desplegar para ganar más aprobación?

¿Es acaso una fabricación artificial el peleador tapatío? ¿Es producto de la mercadotecnia? ¿Le facilitan rivales a modo todo el tiempo para allanarle el camino y concederle títulos? Y, si así fuere, ¿por qué lo hacen y para qué?

No veo razón alguna por la cual este deportista en particular tendría que beneficiarse de un trato de favor. Digo, no es hijo de un potentado ni pariente lejano de un antiguo presidente de la República ni desciende directamente de Moctezuma ni tiene algún título nobiliario por ahí (heredero del Marquesado de Álvarez, digamos, o conde de Juanacatlán).

Pero, caramba, lo primero que hacen los conocedores es evocar a los grandes ídolos de antaño para disminuir su jerarquía y los comentaristas deportivos se ensañan rabiosamente con él pretextando que carece de técnica, que le falta movilidad o que sus promotores pactan extrañas “cláusulas de rehidratación” con sus adversarios.

Lo verdaderamente cuestionable, en todo caso, serían las prácticas en el mundo del boxeo profesional, un universo de muy dudosas componendas y arreglos debajo de la mesa. Pero, por favor, asómense ustedes un poco a la ventana del deporte mundial y a las primeras de cambio podrán también vislumbrar las astucias que acostumbran los mandamases de doña FIFA, los directivos de las Confederaciones (en CONCACAF los enjuagues han sido de escándalo) y hasta los mismísimos jerarcas del venerable Comité Olímpico Internacional.

Bastante podrido todo, aunque los insuficientes mecanismos de control y de rendición de cuentas no nos permitan, en nuestra condición de comunes mortales, advertir siquiera los tamaños de la corrupción. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos es el que ha terminado por meter sus narices en el submundo futbolístico para sancionar las oscuras actuaciones de los súbitos del señor Blatter en Zúrich –ya no está al mando su eminencia, obligado a un apacible reposo hogareño; o sea, que no pasó de ahí la cosa— pero una decisión tan absolutamente esperpéntica como organizar un Mundial en un país donde las temperaturas alcanzan casi los 50 grados Celsius –y la subsiguiente medida de llevarlo a cabo… ¡en pleno invierno septentrional!— parece, justamente, resultar de muy turbias negociaciones.

En fin, volviendo al tema del boxeo, Saúl Álvarez es, antes que nada, un gran profesional. No creo que merezca ser descalificado cada vez que protagoniza una nueva pelea. Más bien, admiremos el esfuerzo y la entrega. Digo…

Román Revueltas Retes


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