¿Jaime Lozano? Pues que de una vez bajara la Luna

Ciudad de México /

Al tema de la Suprema Selección Nacional de Parabola de Estados Unidos Mexicanos se le pueden dar muchas vueltas. Entrenadores van, entrenadores vienen y el Tri sigue siendo lo que es, a saber, un equipo de medio pelo que nunca responde a las esperanzas del pueblo bueno.

Fueron cuatro los goles que le anotaron los embajadores de la mentada “garra charrúa” (por cierto, a este escribidor le exasperó grandemente el juego barriobajero que exhibieron los uruguayos en el pasado Mundial, un futbol rudimentario hecho de faltas y agresiones) y, miren, más allá de la incuestionable superioridad futbolística de los suramericanos podemos cuestionarnos, como siempre, si el director técnico es el primer responsable de la pobre actuación del equipo y, en este caso particular, si Marcelo Bielsa hubiera hecho un mejor papel en el caso de que llevara las riendas de los tricolores aztecas.

Corrieron muchos rumores, en su momento, de que el hombre pudiere ser el gran elegido para tan ingrata tarea y no sabemos si fue él quien no quiso responsabilizarse de la carga o si los señores directivos de doña Federación prefirieron a alguien más dócil y menos echado para adelante.

En fin, ahí lo tenemos, al mentado Tri, como un protagonista que ni mandado a hacer para que los mexicanos, tan orgullosos como pretendemos ser, nos dediquemos al muy extraño deporte de la autodenigración (el corrector de Word me subraya en rojo el término, amables lectores, pero la señora RAE, la Real Academia Española, ha dispuesto que todos los prefijos vayan pegados a la palabra así que me sujeto con la debida obediencia al mandato).

Es muy curiosa nuestra ambivalencia: cuando el conjunto nacional logra algún triunfito por ahí, salimos a las calles a escenificar desaforadas celebraciones como si hubiéramos conquistado de vuelta los territorios que don Antonio López de Santa Anna perdió frente a los vecinos imperialistas, pero en las derrotas, mucho más frecuentes, menoscabamos despiadadamente a nuestros futbolistas y les endosamos la ancestral maldición de que somos el país del “ya merito”, o sea, de que nos quedamos siempre al borde de poder consumar nuestra pretendida grandeza.

Ayer nos tocó otro descalabro. Pero, qué caray, ¿acaso no habían visto ustedes a un tal Vinícius Júnior en los formidables partidos de Champions que jugó el Madrid? Y, con perdón, ¿no es Brasil una auténtica potencia futbolística? ¿En qué momento pudo alguien imaginar siquiera que este Tri que tenemos ahora pudiere pasarle por encima a los brasileños?

Pero, sobre todo, ¿por qué le pusieron tan altísima la vara a Jaime Lozano hasta el punto de condicionar su permanencia como director técnico del equipo nacional a que lograra un resultado tan absolutamente improbable?

Estuvo a punto de lograr un muy meritorio empate. Pero, el futbol se juega hasta los últimos segundos. Así que, pues sí, que se vaya.

Y a ver cómo sigue funcionando nuestra deslustrada Selección.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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