La afición cruzazulina de la candidata Xóchitl

Ciudad de México /

La candidata Xóchitl tiene su sentido del humor, vaya que sí. En su condición de hidalguense originaria, es seguidora del Cruz Azul desde los seis años y, miren, ha llegado a decir que es más fácil cambiar de marido que de aficiones futbolísticas lo cual la pinta de cuerpo entero como una fidelísima fanática de sus colores, más allá de que siga sólidamente casada con el padre de sus hijos.

Muchos aficionados cruzazulinos, de la subespecie de los rabiosos, reaccionaron muy destempladamente al jocoso comentario de la aspirante de Fuerza y Corazón por México de que va a ser más fácil que ella gane la presidencia de la República a que el equipo cementero se alce con el título en el actual torneo Clausura.

Le soltaron los consabidos insultos, las injurias que atiborran las redes sociales y que son ya algo así como la marca de la casa y un signo de estos tiempos en que cualquier hijo de vecino cuenta con una tribuna donde exhibir sin mayores trámites su primigenia vulgaridad.

Al escribidor de estas líneas le hizo gracia el comentario pero, bueno, es un declarado simpatizante de la señora y, además, no practica el arte de sentirse ofendido al menor respingo como tanta de la gente de ahora. Vivimos rodeados de comisarios soviéticos, señoras y señores, especímenes dispuestos en permanencia a denunciar agravios y, una vez registrado el ultraje, a lanzar severísimas condenas para acallar definitivamente al ofensor.

En fin, Xóchitl estaba meramente bromeando sobre esa extraña vocación que tenía el equipo (uso el tiempo pasado porque los chavales que juegan en estos momentos no han vivido esa circunstancia) de quedarse casi siempre en la antesala del triunfo hasta el punto de que el respetable público acuñó inclusive el término “cruzazulear” para calificar globalmente los fracasos de último minuto.

Ya se ha confesado este gacetillero como un tibio adepto de sus Chivitas pero, estando decididas las cosas y enfrentándose los cementeros y los odiosillos del América en la gran final, el Cruz Azul es el primer merecedor de sus simpatías.

El juego de conjunto que despliega el conjunto hidalguense, un admirable logro del señor Anselmi, y el espíritu de lucha que exhibe en la cancha no pueden menos que despertar una gran admiración.

El balompié, ya lo sabemos, no es un tema de merecimientos sino de anotar goles. Hoy, esperemos que Cruz Azul pueda dar la campanada.

Pero, entonces, ¿lo del 2 de junio sí estará más fácil?


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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