Colima, el paraíso perdido

Ciudad de México /

Hubo un momento en que Colima llegó a ser la mejor ciudad para vivir de todo el país: muy linda —con todo y que no posee el patrimonio arquitectónico de urbes como Morelia o Querétaro—, arbolada, cercana a la costa, a un paso de hermosas zonas montañosas y tan apacible como organizada.

Hoy, por cortesía del régimen de la 4T, es la localidad más violenta… ¡del mundo entero! Las cifras computadas en 2023 exponen la escalofriante tasa de 140 personas asesinadas por cada 100 mil habitantes. En comparación, en Yucatán hubo solamente dos homicidios por la misma cantidad de pobladores, un número que duplica al de Dinamarca —referencia obligada del oficialismo y objetivo cacareado en lo referente a logros de salud y políticas sociales— y que también es superior a los porcentajes de Países Bajos y Alemania, pero que queda de todas maneras por debajo de lo registrado en Canadá y Lituania, países muy civilizados los dos.

O sea, las cosas se hacen bien en Mérida y Colima, mientras tanto, es un infierno. El tema, miren ustedes, es que no es la única de las ciudades del gran territorio de Estados Unidos Mexicanos que figura en tan infamante inventario: Obregón, en Sonora, es la segunda; la michoacana Zamora es la cuarta, seguida de Manzanillo, Tijuana, Zacatecas y Juárez.

En 2022, entre las diez ciudades más violentas del planeta figuraron… ¡nueve mexicanas! La citada Colima, Zamora, Ciudad Obregón, Zacatecas, Tijuana, Celaya, Uruapan, Ciudad Juárez y Acapulco. Vaya deshonra, señoras y señores.

Los responsables de tan catastrófica y aterradora situación se han especializado en el muy dudoso oficio de repartir culpas. Este sexenio está a punto de concluir, con un millón de muertos a cuestas (¿quieren cifras, señores valedores de la prodigiosa “Transformación” de nuestra patria? Pues, aquí van: 800 mil decesos en una epidemia cuyo manejo fue dejado en manos de un mequetrefe; 180 mil asesinatos; y, 45 mil desaparecidos, para sumarse a los 110 mil que ya figuraban en el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas), pero los primerísimos encargados de resolver los problemas siguen señalando a quienes llevaban las riendas del poder hace seis años (o doce, cuando reinaba el vilipendiado Calderón) como si la tarea de gobernar no fuera un asunto de mejorar las cosas, de arreglarlas y dar así resultados a los ciudadanos.

Estamos hablando de un estrepitoso fracaso. Los gobiernos suelen implementar malas estrategias en muchos apartados pero que en este caso lo que está en juego es ni más ni menos que el derecho a no perder la vida.

México se ha vuelto un país avasallado por feroces y sanguinarios asesinos. No es ya la tierra generosa de siempre sino un escalofriante escenario del horror. Y los primerísimos y directos gestores de esta tragedia siguen desentendiéndose vilmente del dolor de tantos y tantos compatriotas nuestros. ¿Hasta cuándo? _


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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