La clase media ya no es tan mala

Ciudad de México /

El régimen de la 4T se ha edificado a partir de una suprema denuncia: el neoliberalismo, la doctrina adoptada por el PRIAN, se desinteresó de atender los intereses de las clases populares. No sólo eso: promovió saqueos y corruptelas en su condición de modelo instaurado por una casta de privilegiados, los racistas, clasistas y conservadores de siempre.

Cuando deliberas con los más conspicuos ejemplares de la derecha recalcitrante adviertes, en efecto, un desprecio por los proletarios de la nación, el mismo que se percibe en los postulados del capitalismo a ultranza en tanto que llega prácticamente a culpar a los pobres de vivir su propia circunstancia por no ser lo debidamente “emprendedores” o carecer de iniciativa o estar faltos de aspiraciones.

El señalamiento presidencial de que los mexicanos no sacralizados como integrantes del pueblo bueno son “aspiracionistas” se refiere justamente a esa suerte de consigna dictada por los adalides del capitalismo más descarnado para que la persona se encuentre en un estado de permanente ambición, deseando siempre más cosas (materiales, desde luego) y compitiendo con los demás para alcanzar las metas perseguidas.

Pero esa postura, la de fiscalizar a quienes se buscan meramente un futuro mejor, no tendría por qué figurar siquiera en la agenda porque las apetencias y los anhelos son elementos inherentes a la naturaleza humana. Lo denunciable, ya entrados en el tema de cuestionar, sería la crueldad de un sistema capitalista llevado a sus extremos, un modelo en el que se valida la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y se exalta, por encima de todo, el espíritu laborioso y la preeminencia de los individuos más fuertes.

El oficialismo tiene sus propias doctrinas, desde luego, y buena parte de sus premisas se derivan de la satanización del lucro y la ganancia: ante la presunta embestida de un capitalismo depredador (no del capitalismo responsable que preconiza la modernidad), responde con un paternalismo dadivoso y en esa empresa de reconfiguración de las verdades se arroga la facultad de desconocerle cualquier logro o bondad al otro sistema.

Nos encontramos de tal manera en un escenario de lapidarias descalificaciones y denuestos dirigidos a quienes pudieren comulgar con los credos del pasado prianista, así sean personas sin adhesión partidista alguna y desentendidas de las ideologías: el rechazo le cae encima a la clase media —irremediablemente “aspiracionista”, ya lo hemos dicho— por el mero hecho de no ser el sector más desfavorecido (y, ya fuera de las categorizaciones, a cualquier individuo que no se sume a la gran cruzada morenista liderada por el primer mandatario).

Pues bien, así de destempladas como hayan estado en su momento las imputaciones propaladas desde la tribuna presidencial, la referida clase media no se siente ya demasiado aludida, a juzgar por los resultados de la pasada jornada electoral. Resulta que buena parte del llamado voto oculto tuvo lugar precisamente en el segmento medio de la sociedad. Se esperaba que la oposición obtuviera los sufragios no anunciados en las encuestas. Pues, ocurrió al revés: muchos clasemedieros prefirieron a Claudia Sheinbaum.

De pronto, ya son también pueblo bueno.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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