La muchachada del patriarca Dante

Ciudad de México /

La juventud se ha vuelto un tesoro tan codiciable en estos tiempos que no podía faltar en el menú de la politiquería. Y quienes se han apoderado de la franquicia son, miren ustedes, los más vociferantes y protagónicos jovenzuelos de una facción, llamada Movimiento Ciudadano (MC), liderada, curiosamente, por un adalid de la vieja guardia priista reciclado ahora en escudero del oficialismo.

No sabemos si a Dante Delgado —el dinosaurio en cuestión— se le ha salido del redil la muchachada o si la frivolidad es parte de un plan maestro cuidadosamente maquinado por el venerable señor, nacido en las muy tropicales comarcas veracruzanas en 1950.

La capacidad de adaptación de algunos individuos de la especie humana es muy grande, así que hay ciertas probabilidades de que un viejo de 73 primaveras —que diga, un adulto mayor con siete décadas a cuestas (una de las más exasperantes imposiciones, en la era de la corrección por decreto, es la de ya no poder decir las cosas por su nombre y tener entonces que disfrazarlo todo con estúpidos eufemismos)— haya evolucionado desde la condición de solemne acartonamiento que caracterizaba, justamente, a los antiguos prohombres de nuestra casta gobernante y sea ahora un padrino, muy cool y “buena onda”, del desenfadado gobernador de Nuevo León y de su compadre, el tal Álvarez Máynez, un candidato presidencial bien chido, neta que sí.

Uno pensaría que en cualquier momento lo defenestran a don Delgado sus pupilos, así de peleones y retadores como andan, pero esa suposición resulta, paradójicamente, de desconocer un factor esencial de la “vieja política” que tanto denuesta la trinidad Samuel-Mariana-Jorge, a saber, que el supremo timonel de una agrupación lleva las cosas con mano de hierro bajo la divisa de que “aquí mando yo”.

O sea, que el partido fosco-fosco no es realmente un enjambre de jubilosos chavos autorizados a ir a su aire y provistos de novedosas atribuciones sino una estructura piramidal en la que no se mueve ni una hoja de los arreglos florales sin que lo autorice el jefe máximo.

Winston Churchill, según dicen, llegó a trincarse miles de botellas de champán Pol Roger a lo largo de su vida, aparte de deglutir carretadas de whisky y vino tinto. Nunca lo ocultó siquiera el hombre, pero su incursión en la vida pública no giró en torno a sus francachelas sino a su colosal talento para llevar las riendas del Reino Unido.

Lo cuestionable, entonces, no es la calculada exhibición del desparpajo de los jóvenes compadres en el palco de un estadio sino la ausencia de contenidos, propuestas, ideas y programas de cara a unas elecciones de enorme trascendencia, enmarcado todo ello, por si fuera poco, en un altanero ensalzamiento de la juventud y en una denuncia a la ‘vieja política’ que no es otra cosa que un desprecio a la inteligencia.

Y, qué caray, esa parece ser la apuesta del patriarca Dante. 

  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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