¿Seguridad, justicia? Les cuento una pequeña historia...

Política Irremediable

Román Revueltas Retes

Román Revueltas Retes
Ciudad de México /

El crimen organizado se está enfrentando a un gobierno desorganizado y, en amplias regiones del país, a un Estado inexistente. Más allá de las decisiones que pueda tomar una administración para resolver los problemas nacionales y de la voluntad política de cada quién, estamos hablando de un tema de capacidad, es decir, de la operatividad del aparato público.

Un asunto de recursos, infraestructura, capital humano y estrategias que necesitan ser implementadas. Y, en este sentido, la situación es punto menos que desastrosa en México, como testimonian los exorbitantes índices de impunidad que sobrellevamos. Este mero factor —el hecho de que un sujeto pueda delinquir a sus anchas sabiendo que una autoridad escandalosamente omisa no lo castigará— bastaría para que la descomposición social alcanzara cotas todavía más altas y casi resulta una sorpresa que las cosas no estén mucho peores.

Lo primerísimo que no funciona aquí es la justicia: para empezar, las agencias del Ministerio Público son auténticas sucursales del infierno: un amigo me cuenta que para resolver la cuestión de poder retirar el cadáver de su padre —muerto solo en su apartamento— no tuvo más remedio que agilizar las diligencias a punta de sobornos siendo que, avisado del deceso, había vuelto apresuradamente de Francia pero que, creyendo haber ya solventado el trámite y habiendo afrontado veladas amenazas por parecer un caso “sospechoso” —según los envilecidos agentes—tuvo que volver a untar la mano de otros encargados porque, miren ustedes, hubo un “cambio de turno” y los recién llegados no “sabían nada” del caso por lo cual comenzaron, de nueva vez, a poner en práctica su calculada estrategia obstruccionista. No estamos hablando de un acaecimiento perteneciente al ámbito criminal, señoras y señores, sino de algo tan sencillo como la muerte de un familiar y de la consecuente extorsión a un ciudadano prácticamente obligado, en los hechos, a ser partícipe de la podredumbre de este país.

Imaginen ustedes, entonces, cómo funciona doña Justicia en los sucesos más graves —asesinatos, secuestros, violaciones— siendo que faltan jueces, que no contamos con una verdadera policía científica, etcétera, etcétera…

Sí, está mejor organizado el crimen.

revueltas@mac.com

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