Tan sencillo como gobernar bien. Y ya…

Ciudad de México /

Los problemas de México están a la vista. Sabemos, todos nosotros, de la pobreza, la desigualdad, la violencia, la inseguridad, el bajo crecimiento económico y la catastrófica situación del aparato público de salud.

Curiosamente, al régimen de doña 4T no parecen importarle por igual las distintas plagas bíblicas que nos azotan: acaba de arrasar en las pasadas elecciones a punta de denunciar el clasismo de los “conservadores”, de proclamar que sus adalides “no son iguales” (a los politicastros de antes, esto es), de mentir al tiempo de alardear que ya no se miente, de glorificar machaconamente al “pueblo” y de señalar, una y otra vez, a los mexicanos que no comulgan con los dogmas de la mentada “transformación”.

Pero ni pío en lo referente a lo demás: los jilgueros del oficialismo nunca parecieron estar mínimamente horrorizados por la muerte de un millón de mexicanos en este sexenio, ni preocupados por la falta de medicamentos o por la retirada del Estado en las comarcas conquistadas por las organizaciones criminales (un tercio del territorio nacional, ni más ni menos, una realidad tan escalofriante como inimaginable en cualquier país civilizado) o, entre otras tantas de las cosas que podrían perturbar sus conciencias en las noches de insomnio, por la galopante corrupción que está teniendo lugar.

El asunto más apremiante, sin embargo, no es la vocación por la denuncia ni la permanente disposición a lanzar acusaciones sino la capacidad de resolver las cosas. Es decir, lo que verdaderamente importa es el éxito que puedan tener las políticas gubernamentales en los distintos apartados.

Y esto, lo de contrastar el discurso y la retórica del oficialismo con los muy magros resultados alcanzados es lo que ha llevado a millones de mexicanos a no estar nada convencidos de que vivimos en el mejor de los mundos. El tema no es alborotar a las masas a punta de acusaciones contra los adversarios –o, peor aún, los “traidores a la patria”— sino lo que importa verdaderamente es implementar las mejores estrategias para el país.

Lo criticable, entonces, ha sido la muy deficiente respuesta de un régimen a los colosales problemas que tenemos enfrente y la muy extraña soltura que ha tenido para cancelar el Seguro Popular, para militarizar la vida pública o para dejar a las mujeres sin estancias infantiles, por no hablar de tantas otras pifias.

Sí, están gobernando “para el pueblo”. Pero no lo están haciendo bien. Eso, y ninguna otra cosa, es lo que condenamos los opositores.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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