Ya fuimos calificados: somos unos “hipócritas”

Ciudad de México /

¿Qué ocurrió aquel 26 de febrero? Una marcha de opositores, señor. ¿Qué querían? Pues, no les parece la reforma electoral que estamos proponiendo y pretenden que el INE siga siendo un organismo autónomo. ¿Y, cuántos eran? Parecían muchos pero no fueron más de 15 mil, según mis observaciones y cálculos posteriores. Ah, no tiene entonces ninguna importancia esa manifestación. No son nada. Un grupito insignificante sin representación alguna.

Y, este domingo, ¿qué hubo? Otra vez salieron esos antagonistas a la calle, llenaron el Zócalo de la capital y se movilizaron en más de 100 ciudades a lo largo y ancho del país. O sea, ¿ya fueron más? Con su perdón, la cifra aquí, fuera del palacio, se estimó en unos 90 mil asistentes. Qué caray, ya no estamos hablando de 15 mil. Es cierto, señor, se multiplicó casi por seis el número anterior. Te voy a decir una cosa: tampoco fue nada trascendente ni tiene el menor impacto social porque estamos hablando de unos borregos al servicio de una oligarquía corrupta que quiere volver al pasado para recuperar sus privilegios. No son pueblo, son conservadores fifís.

(…)

No hay manera, en el escenario que dibuja el régimen de la 4T, de que las fuerzas ciudadanas que no comulgan con su doctrina merezcan el más mínimo respeto: si su masa es cuantiosa debe ser reducida a números insustanciales y cuando ya es imposible negar su cantidad entonces el recurso es la denigración pura y simple para que tampoco se les pueda atribuir la más minúscula legitimidad.

A los críticos del sistema no se les considera pobladores de México, una gran casa común de todos, sino enemigos a combatir y denostar hasta tal punto que la bandera nacional –propiedad exclusiva, al parecer, de los actuales gobernantes— deba serles decomisada para que no siga ondeando en las alturas cuando abarrotan la primera plaza de la República.

Y la persona designada para seguir al mando y consumar la tarea de demolición de las instituciones del Estado mexicano ya se apresuró igualmente a saltar al ruedo para calificarnos, a los compatriotas suyos que nos inquietamos de que nuestra democracia esté peligrando, de “hipócritas”.

O sea, que estamos avisados. Por eso, el 2 de junio vamos a recuperar esa bandera que siempre ha sido de nosotros y a vivir en esta hermosa patria sin ser insultados.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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