Estado fallido

Karen, entre la tragedia y el entretenimiento

Susana Moscatel

Entiendo el enojo, la frustración e incluso la burla de aquellos quienes sentimos que estábamos viviendo un secuestro en tiempo real con la familia de Karen Espíndola, la chica cuya desaparición después de abordar un taxi y mandarle un mensaje a su mama diciéndole que “el chofer se veía sospechoso”. Incluso me atrevería a decir, ya con las evidencias presentadas de que ella estaba bien (no me importa si de fiesta), que esta mujer es igual de responsable como aquellas que acusan a hombres inocentes de agresión sexual, aprovechando los movimientos que se están llevando a cabo para erradicar todos estos tipos de violencia. Pero hay algo que no quiero perder de vista ni por un momento, las verdaderas víctimas son las que están pagando por esto.

¿Por qué escribo de esto en este espacio? Porque seguir esta historia en tiempo real fue muy revelador de los sentimientos de millones de personas, que se volcaron sintiendo permiso implícito por la decepción a burlarse de cosas como el movimiento “ni una menos”. No sé ustedes, pero mi sensación es que estamos tan saturados de terribles noticias que ya no queremos o podemos distinguir entre la realidad y la ficción. Y mientras la historia de Karen resultó ser un fraude, desaparecieron y fueron asesinadas y violadas otra mujeres en México. Así que, por supuesto, la furia por desperdiciar los recursos para buscarla cuando había casos reales, es absolutamente razonable. Pero descontar los esfuerzos o incluso reírse de los intentos para que tengamos un país donde esto no ocurra, ahí ya vienen los daños. Sobre todo porque se consume como entretenimiento. No solo para dar noticias se requiere de responsabilidad, para recibirlas también.

Así que entre chistes sobre el hecho de que Karen pesaba más que en la foto original con la que se inició la búsqueda o el hecho de que haya usado filtros en su celular están para pensarse. Porque en ellos también hay un tipo de violencia implícita contra la mujer. Cualquier mujer. Creo que muy pocos nos hemos puesto a pensar por qué este fenómeno se volvió viral, con respuestas inmediatas de las autoridades mientras que tantos otros, que empezaron igual, pero terminaron en tragedia no lo hicieron. Y eso habla más de nosotros y de las cosas que nos pueden llamar la atención, de las que nos importan. ¿Por qué tantos se sintieron defraudados cuando se enteraron de que Karen no era tan “bonita” como en su foto de perfil? ¿Solo queremos encontrar a las mujeres que nos llaman la atención?

La verdadera tragedia, más allá de los dramas familiares que se nos contagiaron vía virus de red social, es que este caso dio mucha oportunidad a quienes de verdad sienten rabia contra las mujeres que exigimos derechos, libertad y seguridad, de decir que todo es una gran exageración. La próxima vez que alguien deje de creerle a alguien que este en problemas remitiéndose a los chistes o burlas que nacieron de esta historia será trágico. Pero la realidad es oscura, asesina y no puede darse el lujo de ponerse en tela de juicio. Aunque las redes sociales y una que otra persona nos confunda. NO nos equivoquemos. Esto no es entretenimiento.

Twitter: @SusanaMoscatel

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