Los textos sexuales de la Biblioteca Británica

  • El sexódromo
  • Verónica Maza Bustamante

México /

La Edad Media duró mil años, los cuales se caracterizaron por su oscuridad en lo erótico y su crueldad en lo social. Hombres y mujeres tuvieron que anular su disfrute sensual pues solo podían tener encuentros eróticos lunes, martes y jueves, de noche, con ropa, en la postura del misionero y con la intención de procrear. Si la mujer estaba menstruando, embarazada o amamantando, era un asunto de Satanás ceder al placer. Durante el Adviento, la semana de Pentecostés, la de Pascua, los días festivos y los de ayuno, nada de nada. Eso dejaba espacio a unos cuantos días al año de disfrute, si la pareja se daba el permiso de olvidarse un rato del ojo divino que la espiaba, pues los hombres medievales vivían en el constante conflicto entre el bien y el mal que convertiría a la sexualidad en un pecado, algo escondido o prohibido que debía ser cancelado.

Eso mismo pasó con su literatura: si bien se seguía escribiendo sobre las apetencias eróticas, salvo unos cuantos volúmenes que llegaron a ser reconocidos en esa época (como el Decamerón, de Boccacio, y los Cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer, que sobrevivieron a la Inquisición), los escritos tuvieron que esconderse en abadías y conventos. No fue fácil salir de esa represión; hasta el siglo XX se seguían ocultando novelas y tratados relacionados con el gozo del cuerpo.

Por ello, es una excelente noticia que la Biblioteca Británica, en el Reino Unido, haya decidido digitalizar más de cinco mil libros considerados “obscenos”, que fueron guardados bajo llave en una “caja secreta” en la habitación del cuidador, según cuenta el periódico The Guardian.

Entre la colección se encuentran 40 copias de Fanny Hill, del autor del siglo XVIII John Cleland; Mi vida secreta, un relato de las hazañas sexuales de un tal Walter en la Inglaterra victoriana; Las memorias de Dolly Morton, novela de 1899 sobre las vivencias de una prostituta en el sur de Estados Unidos antes de la guerra civil; escritos del Marqués de Sade y los Libros de Merryland, textos de autores del siglo XVIII. Además, se cree que una novela llamada Teleny, que narra las vivencias de una pareja homosexual, podría ser de la autoría de Oscar Wilde. Todo fue catalogado en el “Archivo sobre Sexualidad y Género”, etiquetado como obsceno en 1850, durante el reinado de Victoria.

El jefe de Patrimonio Impreso de la Biblioteca Británica, Adrian Edwards, explicó que llevan años conformando una extraordinaria base de datos sobre diferentes facetas de la sexualidad humana durante los últimos siglos, que esperemos se pueda consultar próximamente en internet, pues el hecho de que se hayan escondido la expresiones relacionadas con la sexualidad humana no quiere decir que no hayan existido.

Bien por la biblioteca: al hacer público lo prohibido ayuda a romper algunos de los prejuicios que tan arraigados siguen estando en la vida contemporánea.

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El regreso de la temida sífilis

Lo sabemos desde hace una década: aunque en los noventa se logró disminuir considerablemente el número de contagios de sífilis, hace unos años tuvo un repunte importante que la convierte en una infección de transmisión sexual más de la cual protegerse, pues se calcula que cada año se producen más de cinco millones de casos nuevos en todo el mundo.

El hecho de que resurja cada diez o 15 años está relacionado con la falta de continuidad en las campañas de prevención, lo cual va a la par de conductas de riesgo más otras circunstancias relacionadas, como el consumo de algunas drogas, virus paralelos como el VIH y la transmisión perinatal. Por eso, es necesario informar sobre el tema y recomendar el empleo de preservativos tanto a los más jóvenes como a cualquier persona con una vida sexual activa.

La sífilis es una infección bacteriana crónica causada por el Treponema pallidum, subespecie pallidum, como explica la doctora Marta Papponetti en el portal IntraMed: “La enfermedad ha sido reconocida por cientos de años, tiempo en el que ha sido muy estigmatizada, lo que ha obstaculizado las estrategias de intervención. En los países de ingresos bajos y medios, la sífilis es un problema relativamente común, siendo una fuente de morbilidad, incluidos los resultados adversos del embarazo y la aceleración de la transmisión del VIH. Por el contrario, en Europa Occidental y las Américas, las tasas de la enfermedad tienden a fluctuar periódicamente, desafiando tanto a los clínicos como a los sanitaristas durante y después de la aplicación de las medidas de control, solo para reaparecer después de un período de menor incidencia de la enfermedad”.

Tanto la sífilis congénita como la adquirida se pueden dividir en fase temprana y fase tardía, variando los síntomas, entre los que se encuentran la aparición de llagas indoloras en los genitales, el recto o la boca, seguidas de salpullido en la palma de las manos y la planta de los pies, así como hinchazón, protuberancias y úlceras.

Es posible que no se presenten síntomas posteriores pero años después, la bacteria provoque daños en el cerebro, los nervios, los ojos o el corazón. Por ello se vuelve necesario el uso del preservativo y el control médico regular en torno a la salud sexual.



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