Mundo inclusivo

En Durango superamos al Joker

Verónica Rocha

El pasado 23 de octubre la sociedad de Durango capital recibió en su cara un escupitajo de su propia realidad. 

Se trató de la muerte de una persona calcinada al interior de su casa al no poder escapar del incendio debido a que se encontraba atada a su cama con cadenas porque vivía con trastornos mentales. Sí, leyó bien estaba ENCADENADA.

Como burla del destino, esa misma semana se aperturó el primer Congreso de Salud Mental y Medio Ambiente organizado por el Instituto Estatal de Salud Mental de Durango, como acción preventiva y de información ante el alza de violencia familiar y social, traducido en muertes violentas, feminicidios y suicidios.

El caso de Manuel de 55 años edad al que sus familiares lo mantenían en encierro y encadenado en la casa edificada con materiales frágiles de la colonia Morelos Norte de la capital, estremeció a propios y extraños, tanto que hasta las autoridades de la Fiscalía en el estado no supieron dar repuesta. 

Ayer al estar entrevistando a su titular vía telefónica para Telediario Durango, Ruth Medina Alemán simplemente cortó la comunicación y a pesar de que la buscamos de manera insistente para reanudar la llamada, no contestó.

Los medios de comunicación volvimos a mostrar poco o nada de conocimiento sobre el manejo adecuado de imágenes para documentar muertes violentas y librar a las personas involucradas de victimización, estigmatización y/o violación a sus derechos, circularon fotografías que daban cuenta del horror que vivió el hombre, no solo del olvido de su familia, la sociedad y las instituciones, sino del infierno al estar quemándose vivo resumido en una imagen: un trazo de su cuerpo quemado y con la cadena aún puesta, se trataba de su pie.

¿Qué no bastaba la descripción del hecho en la nota periodística? ¿Qué no bastaba una reflexión en el segmento de editoriales? 

¿Qué no bastaba el parte policiaco y médico de las autoridades? Al parecer no, nos tuvieron que mostrar el pedazo de pie torturado por el fuego y encadenado.

La práctica de ser quemado en la hoguera por tener una ‘loquera’ salió de los libros de la época de la Santa Inquisición al materializarse en un hecho horrendamente real y escupirnos en la cara el resultado de nuestra intolerancia, frustración, enojo e injusticia ante la ‘anormalidad’ de aquel que vive una discapacidad psicosocial.

En Durango superamos al Joker, por mucho. Primero Persona 


Autismo.sanroberto@yahoo.com.mx

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