Desmilitarizar lo militarizado

Ciudad de México /

La próxima presidenta de México tendrá en sus manos un país más militarizado que nunca.

Con ello no me refiero solamente al uso de los militares para el embate al crimen organizado y el control del territorio (lo cual me parece necesario), sino a su uso para la realización de tareas que anteriormente estaban en manos del gobierno civil.

El impulso militarizador proviene de dos aspectos clave de la ideología Obradorista: la austeridad y su desprecio por la lentitud de la burocracia. El ejército es un constructor mucho más barato que la iniciativa privada y al operar sin tener que rendir cuentas a la opinión pública, es capaz de realizar obras con rapidez.

Esto ha sido música para los oídos del presidente que ha tenido por meta invertir y construir más que sus predecesores. Es por ello que, como muestra el “Inventario Nacional de lo Militarizado” realizado por México Unido Contra la Delincuencia (MUCD), Intersecta y el Programa de Política de Drogas, la militarización de la vida pública ha provenido por mucho y en gran medida por decisiones tomadas directamente en la oficina del presidente.

López Obrador ha emitido 17 acuerdos y decretos que le han otorgado a los militares la administración de aeropuertos, una aerolínea, dos puertos, varios trenes incluyendo el Tren Maya, e incluso la administración de hoteles y destinos turísticos. Así, actualmente las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina acumulan un total de 30 empresas de participación estatal mayoritarias, según reporta MUCD en su reporte “El negocio de la militarización”.

Si la próxima presidenta es Claudia, como muestran las encuestas, el riesgo de continuar por el mismo camino es alto pues en su agenda se encuentra realizar aún más obras de infraestructura que las de López Obrador.

Avanzar tal agenda, sin los militares, requerirá implementar tres inversiones que el gobierno mexicano nunca se ha tomado en serio. La primera es impulsar la creación de una burocracia profesional y capaz que implemente acciones públicas con eficiencia. La segunda es poner en cintura el sistema de contrataciones públicas para que, al trabajar con privados, éstos no impongan sobreprecios. La tercera es una reforma fiscal para poder tener más recursos.

La militarización es el atajo equivocado. El dinero sin mecanismos de monitoreo corrompe y no hay una sola institución menos monitoreada que el ejército. Lo que hoy parece una buena idea para avanzar proyectos rápidos, en unos años habrá dado vida a un monstruo de mil cabezas imposible de controlar. No descarto que el monstruo ya exista.

Los militares han avanzado con lealtad y premura haciéndose de recursos y poder extraordinarios. El control de las aduanas supone que los militares controlan el 19% de la totalidad de los impuestos recolectados en México. El control de los aparatos de inteligencia implica que no hay una sola institución con mayor capacidad de vigilancia y monitoreo que ellos.

México no puede continuar por un camino en el que el gobierno civil es crónicamente débil y sus militares cada vez más fuertes. El próximo sexenio es crítico para cambiar esto.


Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.

  • Viri Ríos
  • viridiana.rios@milenio.com
  • Política pública con datos. Autora de @NoEsNormalLibro. Podcast #PoliticaYOtrosDatos. Enseño en @HarvardSummer. Harvard Ph.D. / Escribe todos los lunes su columna No es normal
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.