El marchista rosa

Ciudad de México /

Entre el Obradorismo existe la creencia de que la gente que asistió a la Marcha Rosa lo hizo desde la desinformación, la manipulación y el engaño. Como evidencia muestran videos de personas notablemente inestables que despotrican contra el gobierno de López Obrador bajo la premisa de que “es comunista” o está “convirtiendo a México en Venezuela”.

La realidad es que, como en cualquier concentración multitudinaria, siempre es posible encontrar un loco. Sin embargo, demeritar una marcha tan nutrida como la que se observó este domingo me parece un error político. Es crítico analizar el sentir de los marchistas y sus agravios.

La marcha rosa es un fenómeno político fascinante.

Por un lado, la marcha fue una concentración partidista de libro de texto. Los oradores principales fueron candidatos, la gente coreó vivas hacia sus plataformas y se vistió del mismo color. Cualquier observador objetivo encontraría evidente que la marcha fue un evento de apoyo al PAN-PRI.

Sin embargo, el marchista rosa se siente más cómodo viéndolo de otra manera. Sienten que su lucha no es a favor de los partidos que cobijan, sino en contra del autoritarismo de López Obrador. Apoyan al PRI-PAN, dicen, porque no les queda de otra.

Apoyar al PRI-PAN sin apoyarlo es un salvavidas emocional. La mayoría de los asistentes conocen los escándalos de corrupción de ambos partidos. Sin embargo, los tienen que apoyar porque nada es peor para ellos que Morena.

Muchos marchistas rosas utilizan como mito fundacional de su movilización las reformas electorales propuestas por Obrador. Fue cuando él presentó el Plan A de su reforma electoral, dicen, que se dieron cuenta de que el riesgo de perder la democracia era real.

Sin embargo, los datos muestran otra cosa. El descontento en zonas urbanas de nivel socioeconómico alto existía mucho antes del Plan A de 2022. El rechazo a López Obrador ya era mayoritario en CdMx desde junio del 2020 (Encuesta Mitovsky).

El rechazo a las reformas electorales simplemente fue el detonante que permitió a muchas personas sentirse cómodas manifestándose en contra de Obrador. Y sobre todo, poder hacerlo sin una plataforma partidista. La defensa al INE era el salvavidas emocional perfecto.

Por eso, las marchas rosas no son diferentes de marchas anti-Obrador previas, como las del 2018 contra la cancelación del aeropuerto. Interesantemente, uno de los hilos conductores de todas las protestas es que los marchistas se sienten excluidos de la toma de decisiones, insultados de fifís, elitistas, privilegiados y conservadores.

Me parece que el más profundo agravio que sienten los marchistas rosas es su exclusión. O más exactamente, su exclusión de un país que, siempre había excluido a muchas personas, pero nunca los había excluido a ellos.

El México de la transición democrática supuso la inclusión de las clases medias y medias-altas urbanas en la toma de decisiones, pero no de las clases populares. Los dos gobiernos del PAN fueron esencialmente gobiernos proempresariales y el Pacto por México no fue distinto.

Obrador no solo no centró su agenda en incluir a los principales grupos beneficiarios de la transición, sino que los hizo sentir culpables de los problemas del país. Los acusó de beneficiarse de un modelo económico injusto, de tener apoyos que debían pertenecer a los más pobres, de ser clasistas y racistas sin darse cuenta, de normalizar la exclusión de la mayoría de los mexicanos y de tener sueldos demasiado altos en comparación con el resto.

Por eso una de las mas amargas quejas del marchista rosa es que Obrador “nos dividió”. Porque para ellos, no nos dividió la desigualdad, la pobreza o la precariedad salarial. Nos dividió un presidente que les atribuyó, a los marchistas, el papel de villanos. Antes el país estaba unido porque las atrocidades se cometían, pero sin atribución.

Me parece que un Obrador más estratégico hubiera podido hacer lo mismo que hizo en materia salarial y de programas sociales sin vilificar. No tengo duda de que su oposición sería menos grande de lo que es ahora. 

Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.


  • Viri Ríos
  • viridiana.rios@milenio.com
  • Política pública con datos. Autora de @NoEsNormalLibro. Podcast #PoliticaYOtrosDatos. Enseño en @HarvardSummer. Harvard Ph.D. / Escribe todos los lunes su columna No es normal
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