Gusto culposo regio

Ciudad de México /

El regio tiene muchas particularidades bien conocidas: es franco, echado para adelante e innatamente empresarial. Sin embargo, una de sus particularidades menos exploradas es su gusto culposo por ser gobernado por figuras cómicas, ocurrentes e inexpertas. Por payasos.

En otros estados hay gobernadores payasos, está el futbolista Cuauhtémoc Blanco, por ejemplo. Pero me atrevo a decir que en ninguno es tan recurrente a todo nivel de gobierno como en Nuevo León.

Solo en Nuevo León se conjuntan gobernantes que proponen cortarle las manos a los delincuentes, promueven “comer taquitos para cuidar el agua” (sic), se reconocen a sí mismos como “memes”, o abrazan la política del “coquette”, el Instagram life y la superficialidad absoluta. Lo que en otros estados es rechazado por artificial o de poca monta, entre los regios, triunfa.

La pregunta es por qué. Por qué en un estado que se jacta de su capacidad empresarial y visión estratégica se decide, con tanta frecuencia, otorgar el más alto cargo de representación popular a payasos.

La primera respuesta que casi siempre dan los regios es que no tienen de otra. Su decepción con el PRI y el PAN es tan profunda, dicen, que tienen que votar por quien sea.

No es cierto. Se podría rechazar al PRI-PAN con alguien profesional para el cargo. De hecho, yo no tengo duda de que los mismos empresarios que le confían Nuevo León a payasos, jamás harían lo mismo con la administración de sus propias empresas.

La respuesta real de por qué el regio parece tener un gusto culposo por ser gobernado por personajes de poca monta es la forma en la que el regio concibe al gobierno: como un estorbo. Las élites regias confían en que para todo problema hay una solución privada y ven al gobierno como una organización lenta e incompetente. La última opción.

Al gobierno quieren tronarle los dedos, decir cómo y qué solucionar y cuándo. No conciben al Estado como una autoridad, sino como un empleado subordinado y torpe. En su ideal el gobierno sería una ONG que le respondiera a un consejo de empresarios para destinar recursos a subsidiar a la iniciativa privada y a sus caridades favoritas.

El regio desea que el Estado desaparezca: regule lo menos posible, gaste lo menos posible y se limite a proveer subsidios a la industria y seguridad. Los empresarios desean poner y quitar secretarios de Estado a placer. Nada se los permite más que tener al frente a un meme, una influencer o un junior.

Estos personajes ni cuenta se dan. Colaboran. En momentos clave, el gobernante-bufón puede ser convencido de regalar dinero a los empresarios, otorgar privilegios regulatorios o permitir la auto-regulación de la iniciativa privada.

Para el gobernante de poca monta el acuerdo es perfecto. Los empresarios, sus ONGs o escuelas tomarán las decisiones rudas. El payaso puede dedicarse en pleno a cultivar su fama, superficialidad o riqueza. A veces, cuando llega a dejar de ser útil, terminará en la cárcel.

Así, Nuevo León es el ejemplo perfecto de un Estado de oportunidades públicas perdidas. Un lugar que podría tener espacios públicos de primera, pero que en vez de eso está sumergido en las típicas crisis que suceden cuando hay ausencia de Estado: horrenda contaminación, pésimo transporte público y vida de ghetto privado.

La calidad de vida de Monterrey debería ser mejor que la de ciudades de clase mundial como Montevideo, Buenos Aires o Santiago de Chile. Lugares donde la gente vive su ciudad, la habita en sus áreas verdes, con su espacio público y no solo en centros comerciales. Conglomerados urbanos donde se vive bien fuera de las colonias de lujo.

El problema es que el regio con frecuencia no discute esto porque otro de sus gustos raros es compararse con Chiapas u otros estados y darse cuenta de que “estamos mucho mejor”. Refuerza su sentimiento de superioridad así.

Pero esa no es la comparación correcta. Monterrey es una de las ciudades más ricas de Latinoamérica. Se puede aspirar a más.

Así, con sus gobiernos cómicos, Nuevo León se ha convertido en un mal gobierno de profecía autocumplida.

En cierta forma, el regio lo ha logrado. Al desestimar al Estado, al poner personajes cómicos a gobernar, al canalizar recursos del erario a iniciativas filantrópicas privadas asumiendo que con el gobierno “no se puede”, al gobernar desde ONGs o universidades privadas. El regio ha creado un estado tan débil como el que siempre se imaginó.

No es normal lo mal y segregado que se vive en Monterrey. Sobre todo porque la ciudad tendría todo el recurso para ser distinta.


  • Viri Ríos
  • viridiana.rios@milenio.com
  • Política pública con datos. Autora de @NoEsNormalLibro. Podcast #PoliticaYOtrosDatos. Enseño en @HarvardSummer. Harvard Ph.D. / Escribe todos los lunes su columna No es normal
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