Obradorista no Claudista

Ciudad de México /

En territorio se está gestando un nuevo perfil político peligroso para Morena: el Obradorista, no Claudista. En mi experiencia y trabajo de campo he identificado que en su mayoría suelen ser hombres que son fieles Obradoristas, pero que se dicen poco motivados por Claudia. Las razones son diversas, pero en casi todos los casos, éstas están relacionadas con un sexismo vedado o patente, o un apego emocional profundo hacia López Obrador que no logran superar.

El Obradorista-no-Claudista ve en Claudia a una militante férrea del Obradorismo y a alguien que extenderá la obra de López Obrador con honestidad y eficiencia. Sin embargo, a diferencia de Obrador, no la identifican como la estratega carismática de un movimiento político histórico, sino como la contratación de una eficiente directora ejecutiva.

En general, quienes tienen esta visión, suelen pensar que la política es de hombres y la administración de mujeres. Piensa que el hombre es mejor haciendo estrategia, pero la mujer es mejor implementándola. Incluso, algunos expresan sentir “paz” de que Claudia no esté casada con un político de carrera porque, si así fuera, él se convertiría en el verdadero tomador de decisiones. “Como cuando el yerno termina quedándose con todo” dicen. En cierta forma, el Obradorista-no-Claudista tiene una incapacidad para creer en un liderazgo femenino independiente.

Los Obradoristas-no-Claudistas son personas que, por una u otra razón creen en los estereotipos de género. Claudia fue escogida por López Obrador, dicen, por su honestidad, lealtad y capacidad operativa. No había manera de escoger a un hombre para dar continuidad al movimiento, argumentan, porque los hombres suelen ser más ambiciosos, corruptos y traicioneros que las mujeres. Así, una mujer como Claudia es el camino más seguro para continuar el trabajo de López Obrador y que el partido no caiga en manos “de un ambicioso vulgar” (sic).

En los aspectos más delicados, piensan que Claudia tendrá un peor desempeño que Obrador. La ven como alguien menos capaz de enfrentarse a los intereses del dinero, a las mafias del poder y a otros malos. Obrador tampoco los derrotó, aceptan, pero “se hizo lo que se pudo” (sic). Obrador avanzó la transformación del país en formas que Claudia no podrá hacerlo, piensan.

Hay algo importante: el Obradorista-no-Claudista no votará por la oposición. Jamás.

No hay nada que el Obradorista-no-Claudista rechace más que a Xóchitl Gálvez. A Movimiento Ciudadano, si bien no lo rechaza, simplemente no lo conoce. Su voto irá a Claudia porque así refrendarán su apoyo, legítimo cariño y deferencia ante López Obrador. “Algo sabe él, que la escogió”, dicen. Su respaldo a Obrador es irrenunciable y total. Todo partido opositor, piensan, destruirá el legado del presidente. Jamás se perdonarían que eso sucediera.

Por todo lo anterior, el problema para el que Claudia debe prepararse no es 2024. En mi opinión, su victoria en la presidencial es segura. El problema será el 2025. Mientras que a Obrador se le evaluó en gran medida por su capacidad para diseñar una narrativa y una estrategia político-carismática, a Claudia se le evaluará por su capacidad para implementarla, organizarla y dar resultados. Esto es, la tarea que se espera de Claudia es abismalmente, mucho más compleja.

Los focos rojos deben prenderse dentro del equipo de Claudia porque tienen un malentendido. Muchos piensan que para mejorar los positivos de Claudia se debe demostrar que ella es más Obradorista. Esto me parece un error.

El Obradorismo de Claudia está dado por hecho para la mayoría de la población. Los únicos que dudan de su Obradorismo es un grupo pequeño, mezquino y sin peso electoral real. A ellos se les puede ignorar.

Lo que no se puede ignorar es que el votante buscará que Claudia dé resultados y eso requerirá un equipo capaz, estratégico, pragmático y centrado en resolver. A Obrador se le perdonaba la falta de resultados porque sus seguidores no lo veían como un implementador, sino como un ideólogo. Se pensaba que él estaba haciendo lo más que se podía, pero la transformación iba lenta porque “se le coló gente mala” en su equipo. A Claudia no se le dará ese beneficio de la duda. De ella se esperará que sea lo que López Obrador le pidió ser: una directora ejecutiva eficaz y eficiente, que de resultados.

La tragedia es que, para Claudia, como para cualquier mujer, la barra estará más alta. Más alta, incluso, que para el propio Obrador. Claudia deberá ser, como toda mujer, impecable en el poder, so pena de ser rechazada.


  • Viri Ríos
  • viridiana.rios@milenio.com
  • Política pública con datos. Autora de @NoEsNormalLibro. Podcast #PoliticaYOtrosDatos. Enseño en @HarvardSummer. Harvard Ph.D. / Escribe todos los lunes su columna No es normal
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