Corea del Centro

Ciudad de México /

Nadie mejor que los centrocoreanos sabe que quien se mueve no sale en la foto...


Medio mundo hoy en día se las da de neutral. No porque así se sepan o se sientan, sino por evitarse la molestia de dar la cara por sus pareceres, mismos que guardan bajo siete llaves y apenas si comparten con quienes saben que piensan igual. Una conducta propia de esos pueblos pequeños donde nadie está a salvo de los ojos ajenos y las verdades son materia de murmullo; donde la mera idea de levantar la voz en mitad del silencio general supone ya un desplante de mal gusto que invita a la condena y la exclusión.

Suele tenerse por personas sensatas a aquellas que se ubican en el punto medio. Sólo que el punto medio no acostumbra estar claro, y con frecuencia quienes lo establecen tienden a acomodarlo según la conveniencia del extremo con el cual simpatizan. Todo lo cual implica definir de antemano dónde realmente quedan los extremos, y ahí es donde la trampa surte efecto, porque los extremistas acostumbran tildar a su vez de “extremistas” a quienes se resisten a ser avasallados. Entonces los “neutrales”, alérgicos a todo compromiso, toman igual distancia del agredido que del agresor. Como si ambos fueran equiparables.

De “Corea del Centro” son los funcionarios que encuentran parcialmente responsable a la mujer violada del apetito de su depredador. “¿Quién le manda llevar la falda tan rabona?”, razonan como beatas pueblerinas para que no se diga que tomaron partido (ahí donde ni siquiera hay un partido, sino un crimen concreto con agravantes claras y precisas). Son asimismo los centrocoreanos quienes piden la paz entre los invadidos y los invasores, a costa del derecho de estos últimos, con tal de “apaciguar” a los primeros. Y también de allá vienen quienes viven pendientes de los vientos reinantes y ni por distracción les plantan cara.

Creen a ciegas en la palabra de los demagogos. Araceli López

No es un secreto que en Corea del Centro abundan los cobardes. Gente que hace maromas muy vistosas —a través de argumentos biensonantes y bienintencionados, aunque también tramposos y epidérmicos— e ineluctablemente cae parada. Su papel no es ya ser, sino lucir sensatos, o sea quedar bien con todo el mundo y salir del embrollo como príncipes. “Zamacucos”, les llama el diccionario: aquellos que, “callándose o simulando torpeza, hacen su voluntad o lo que les conviene”. Su presunto equilibrio conceptual no es más que un mero cálculo miedoso para seguir a flote entre la turbulencia, al precio de entregarse a quien sea menester con tal de conservar su mal ganada fama de imparciales.

Desde Corea del Centro jamás se ven venir las tempestades, pues aun el tsunami más sonado les parece llovizna tropical. Por eso creen a ciegas en la palabra de los demagogos y la buena intención de los canallas. Algunos de ellos, cierto, tienen sangre de atole y las cuitas del mundo les vienen guangas, si bien la mayoría no hace más que cuidar su prestigio social. Como en una tertulia dominguera, elogian al poetastro trasnochado igual que a la soprano chirriadora, pretendiendo que nunca cabecearon a lo largo de todo el numerito, y otra vez quedan bien con todo el mundo.

Nada en Corea del Centro es más espeluznante que la verdad desnuda. Con tantos eufemismos a la mano, parece grosería que alguien llame a las cosas por su nombre. En los dominios de la hipocresía, la autocensura es práctica corriente. Y si la realidad insiste en presentarse, toca aplicar ceguera selectiva en nombre de la sana fotogenia. Nadie mejor que los centrocoreanos sabe que quien se mueve no sale en la foto.

Decir que no se tiene una opinión es también una forma de opinar, especialmente en torno a temas que no admiten la neutralidad. Y allá en Corea del Centro la única opinión por todos compartida es que la conveniencia supera a la franqueza y el miedo pesa más que la honradez. Es el imperio de los pusilánimes: esos que antes alaban al verdugo que atreverse a decir “esta boca es mía”. 


  • Xavier Velasco
  • Narrador, cronista, ensayista y guionista. Realizó estudios de Literatura y de Ciencias Políticas, en la Universidad Iberoamericana. Premio Alfaguara de Novela 2003 por Diablo guardián. / Escribe todos los sábados su columna Pronóstico del Clímax.
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