Formar profesionistas capaces de enfrentar no solo los retos del mercado laboral, sino también las adversidades de la vida y la convivencia social, representa uno de los principales desafíos para las instituciones de educación superior.
A decir del licenciado Gerardo Baltazar Ramírez Saldívar, maestro de tiempo completo de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), en Gómez Palacio, además de los conocimientos técnicos y profesionales propios de cada carrera, las universidades deben fortalecer en sus estudiantes la inteligencia emocional.
"Las llamadas habilidades blandas, el liderazgo, la comunicación, la resiliencia y la capacidad de adaptación, es lo que considero, debemos trabajar desde la universidad. Tenemos el compromiso, el desafío y el reto de crear instancias y programas sólidos para que estas habilidades, actitudes y valores se vayan aprendiendo a lo largo de la formación universitaria", señaló.
Ramírez Saldívar explicó que los estudiantes pasan varios años en las instituciones de educación superior durante una etapa fundamental de su juventud, por lo que este periodo representa una oportunidad para complementar la preparación tecnológica y conceptual con herramientas que les permitan desenvolverse de manera integral.
"En el caso de los estudiantes de Medicina, la formación puede extenderse hasta cinco años, tiempo suficiente para trabajar de manera sistemática estas competencias mediante programas específicos, talleres, clubes, centros y otras alternativas de acompañamiento".
Para Baltazar Ramírez, la inteligencia emocional es una de las principales herramientas que los jóvenes deben dominar antes de egresar, debido a que permite reconocer y gestionar las propias emociones para establecer mejores vínculos con los demás.
"La comunicación efectiva es en buena medida, consecuencia de una adecuada inteligencia emocional, pues permite expresar sentimientos como tristeza, enojo, soledad o alegría, además de comprender las emociones de quienes forman parte del entorno".
El académico dijo que actualmente existe una problemática creciente relacionada con la salud mental. "Hoy en día en el mundo tenemos disparados los indicadores de ansiedad, depresión, violencia, todas sus manifestaciones, suicidios, etcétera. Ante esto, considero necesario recuperar la capacidad de conexión entre las personas, así como fortalecer valores como el respeto, la solidaridad, la confianza y la empatía".
Liderazgo, flexibilidad y resiliencia
Entre las competencias que deberían impulsarse en las universidades también mencionó el liderazgo, entendido como la capacidad de desarrollar una visión, compartirla e interactuar con otras personas para alcanzar objetivos comunes.
Asimismo, destacó la importancia de desarrollar una mente flexible y abierta que permita comprender la diversidad social, tecnológica y cultural, y aprender a coexistir en un mundo donde las circunstancias no siempre corresponden a las preferencias individuales.
"La resiliencia es otra de las herramientas fundamentales, pues las adversidades forman parte inevitable de la vida. El objetivo no debe ser preparar a las personas para evitar los problemas, sino dotarlas de recursos para enfrentarlos y salir adelante", recalcó.
En este sentido, mencionó que actividades como el mindfulness, que pueden incorporarse mediante cursos y talleres para favorecer el autocontrol, reducir los niveles de estrés y ansiedad y ayudar a los estudiantes a desarrollar una mayor conciencia sobre sus emociones.
En cuando a la conexión actual que viven los jóvenes a redes sociales, el docente consideró que el avance de la inteligencia artificial y la tecnología hace todavía más relevante el desarrollo de las habilidades emocionales.
"Mientras las herramientas de inteligencia artificial son capaces de resolver cada vez más tareas, hablar de empatía, comunicación y calidez en el trato, adquieren un mayor valor. Al haber más inteligencia artificial los chavos buscan resolver todo con la IA, entonces, ¿qué es lo que necesitamos? La capacidad emocional, el conectar con los demás", enfatizó.
Agregó que la formación universitaria debe ayudar a los jóvenes a recuperar el contacto directo con otras personas. "Lo que necesitamos ahora es alzar la vista y ver al otro, con una sonrisa, un saludo, una mirada o un trato amable pueden marcar la diferencia en ámbitos como la medicina, la psicología, la nutrición y, en general, cualquier profesión".
Gerardo Baltazar consideró necesario fortalecer las redes de apoyo y los espacios de formación en inteligencia emocional, liderazgo, resiliencia y otras habilidades blandas dentro de las universidades.
"Aunque ya existen esfuerzos en esta materia, compartir experiencias y ampliar estas iniciativas permitiría avanzar hacia una formación profesional más integral, capaz de preparar a los universitarios no solamente para obtener un empleo, sino para desenvolverse de manera positiva en la sociedad y enfrentar los desafíos de la vida", concluyó.