Diana Gabriela Ponce Ibarra, directora de la primaria Francisco González Bocanegra en Saltillo, Coahuila, fue reconocida internacionalmente por desarrollar una prueba neuroeducativa enfocada en detectar problemas físicos que afectan el aprendizaje infantil y que, en muchos casos, pueden confundirse con trastornos como el TDAH o incluso autismo.
El trabajo de investigación surgió tras el regreso a clases presenciales después de la pandemia, cuando docentes detectaron un incremento considerable en el rezago educativo entre alumnos de primaria.
"Nos empezamos a cuestionar por qué los niños no aprendían igual. No era solamente rezago académico, había algo más detrás", explicó la investigadora y docente.
Durante ese periodo, Ponce Ibarra cursaba una especialidad en neurociencias junto a un equipo médico, lo que permitió vincular el ámbito educativo con especialistas de la salud para analizar las causas del problema.
"A partir de los estudios realizados, detectaron que muchos menores presentan modificaciones en la estructura craneal y facial que dificultan la correcta oxigenación del cerebro, afectando procesos de atención, memoria y aprendizaje", dijo.
Según explicó, esta alteración puede estar relacionada con el uso prolongado del biberón y chupón, además de factores sociales derivados de las dinámicas familiares actuales. "El paladar se modifica, se hace triangular y colapsa el tabique nasal. Entonces los niños dejan de respirar correctamente por la nariz y eso provoca hipoxia, es decir, falta de oxigenación cerebral", detalló.
La docente señaló que muchos menores son etiquetados erróneamente con trastornos de déficit de atención e hiperactividad, cuando en realidad enfrentan problemas respiratorios y neurológicos derivados de esa condición física.
"Hay niños que parecen inquietos o distraídos, pero no necesariamente es TDAH. Muchas veces es un problema de oxigenación", indicó.
¿Cómo se llama el trabajo?
Con la investigación se creó la prueba orgánica Neuroeducativa de Canalización Especializada en Morfologías y Trastornos, diseñada para que docentes puedan identificar señales de alerta y canalizar oportunamente a los estudiantes con especialistas.
El proyecto integra el trabajo de odontopediatras especializados en sueño, terapeutas de lenguaje y médicos otorrinolaringólogos, quienes intervienen para modificar la estructura del paladar y mejorar la respiración de los menores.
De acuerdo con Ponce Ibarra, los resultados positivos pueden observarse entre tres y seis meses después de iniciar el tratamiento. "Tenemos casos de niños con posibles diagnósticos de autismo o TDAH que cambiaron completamente después de atender primero la parte de la oxigenación cerebral", aseguró.
El trabajo fue reconocido por la revista científica Journal for Neuroeducation, de Barcelona, España, en febrero de 2025, y gracias a ello recibió la invitación al Foro Mundial de Neuropsicología y Neuropsiquiatría realizado en París, Francia, donde representó a México. Además, actualmente cuenta con invitaciones para presentar su investigación en Dubái, China y nuevamente en España.
Ponce Ibarra destacó que México no cuenta con pruebas neuroeducativas propias para detectar este tipo de problemáticas, ya que la mayoría de las herramientas utilizadas en el país son adaptaciones extranjeras. "Esta es la primera prueba mexicana con aval clínico para este tipo de detección", subrayó.
La docente destacó que el problema no se limita a México, pues investigaciones internacionales han identificado condiciones similares en distintos países. Actualmente, Gabriela participa como semifinalista en el concurso ABC Mexicanos Primero, plataforma enfocada en impulsar políticas públicas que fortalezcan el sistema educativo nacional.
Finalmente, dijo que, "mi objetivo es que más docentes conozcan la prueba y puedan identificar a tiempo a alumnos con dificultades derivadas de problemas físicos y neurológicos. No es que los niños no quieran aprender. Muchas veces físicamente no pueden hacerlo y los padres no saben lo que está ocurriendo", concluyó.