Victoria Volkova y la 'Playboy': las personas trans también somos dignas de deseo

Ser es resistir por Láurel Miranda

Victoria Volkova hace historia como la primera mujer trans en aparecer en la portada de la 'Playboy México'.

Láurel Miranda

Conocí a Victoria Volkova el año pasado (en Instagram; en persona aún no tengo la dicha de conocerla… espero que sea pronto). Perdonen mi ignorancia, pero cuando comencé a seguirla no tenía idea de que se trataba de una mujer trans; cuando por alguna razón lo supe, it just blew my mind. Primero, sí, ¿por qué negarlo?, porque se trata de una mujer bellísima, pero sobre todo porque vi en ella a una mujer trans que ha conquistado espacios antes impensables para la comunidad.

Victoria Volkova es una mujer trans youtuber, influencer, modelo, imagen de distintas marcas de moda y, he de reconocer, una inspiración personal cuyos videos y testimonios sobre su transición me han dado valor y me han acompañado en mi propio proceso. Este mes, Vico lo volvió a hacer al convertirse en la primera mujer trans en acaparar la portada de la revista Playboy MX; no podría sentirme más feliz y no sólo por ella, sino también por todas las poblaciones trans. Y ojo, mi reconocimiento y aplauso van más para Victoria que para la revista, que bien podríamos calificar de un instrumento que históricamente ha cosificado y mercantilizado el cuerpo de las mujeres.

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Y para explicarme y justificar también mi defensa del impacto social que tiene la aparición de Victoria en la Playboy, me gustaría citar aquí a dos mujeres trans que admiro con el alma. La primera de ellas es la bióloga y filósofa Siobhan Guerrero, con quien tuve oportunidad de conversar hace poco más de un año, cuando de la misma forma en que ahora se critica la portada de Victoria, se criticó la participación de Miss España, Ángela Ponce, en el concurso de belleza Miss Universo:

“Con Miss Universo me pasa lo mismo que cuando Donald Trump dijo que iba a prohibir la entrada de personas trans al ejército de Estados Unidos”, me comentó por entonces Siobhan. “Porque estamos ante una institución y un concurso de belleza que encarnan algo abiertamente rechazable: en el caso del Ejército es una herramienta intervencionista y bélica; en el caso del certamen, me parece patriarcal. Y sin embargo --y esto es lo paradójico-- defendería el derecho de las personas trans de estar presentes en estos espacios por una cuestión estratégica. A pesar de que yo preferiría que no existiera el concurso, mientras exista y discrimine a mujeres trans, lo que hace es perpetuar una visión cis-sexsita de quién es una mujer y además lanza el mensaje de que está bien discriminarnos y que somos de alguna manera mujeres de segunda clase. Pero creo que la lucha a largo plazo, y esto sí quiero enfatizarlo, no debe ser la lucha por ser parte de una estructura patriarcal sino por demolerla”.
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La segunda mujer trans a quien quisiera citar es a Natalia Lane, trabajadora sexual, coordinadora del Centro de Apoyo a las Identidades Trans A.C. y asambleísta consultiva en el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred):

“Los cambios de paradigma no sólo operan a nivel político-legislativo, sino también simbólico. Hoy México amanece con una portada de un cuerpx de una mujer trans: esos cuerpxs que nos dijeron que no eran bellxs, que no eran deseables, que no eran erotizables hoy están en el ojo público”.

El comentario de Natalia viene a cuenta por quienes decidieron comparar (y minimizar) el logro de Victoria Volkova frente al de Sarah McBride, elegida en las elecciones del 3 de noviembre como la primera mujer transgénero para un senado estatal en Estados Unidos. “Sara y Victoria están rompiendo paradigmas, una en lo legislativo y otra en la industria del entretenimiento y la moda ¿Y saben qué? ¡Qué gusto nos da por ambas! ¡Que el mundo se llene de mujeres trans en las curules, las revistas, las casas de cita, las esquinas de Tlalpan, los canales de televisión, el arte, en los hospitales y clínicas, en las sex-shops y la música!”.

Las palabras de Natalia me parecen poderosas: las personas trans somos muchas, hemos existido siempre y estamos en todas partes. No sólo Victoria y Sarah han roto techos estos días; también lo hizo la escritora argentina Camila Sosa Villada, primera mujer trans en ganar el premio Sor Juana Inés de la Cruz en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara; y, si me lo permiten, este blog semanal escrito por una mujer trans en un medio de circulación nacional es también una conquista. Que se escuche fuerte: las personas trans somos muchas, hemos existido siempre y estamos en todas partes.

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Quienes critican el hecho de que mujeres trans ocupen espacios “problemáticos” como lo pudieran ser Miss Universo o la Playboy se asemejan, en gran medida, a quienes aseguran que las mujeres trans contribuimos a fortalecer los estereotipos y roles de género. Olvidan que estos espacios fueron creados al margen de nuestras identidades trans; ignoran (o así lo parece) que nuestra participación en estos sitios incomoda a un sistema cis-sexista que históricamente ha dicho que nuestros cuerpos son risibles, inmorales, anormales y nauseabundos. El logro, a pesar de aparecer en un escaparate que se basa en la mercantilización de los cuerpos (vaya, cosa extraña en un sistema capitalista), radica, primero, en el reconocimiento de nuestra existencia y, después, en el reconocimiento de dichos cuerpos como válidos y dignos de deseo. Como bien cuestiona Natalia Lane: “¿Por qué les descoloca tanto que seamos libres en el ámbito érotico-sexual y que haya dinero/cosificación decidida de nues-trans identidades?, ¿acaso las mujeres trans no podemos sentirnos sujetas de deseo?”.

Me habría gustado conocer la opinión de Victoria Volkova en torno a todo este debate y, sobre todo, agradecerle y felicitarle por los techos de cristal que ha roto en lo que respecta a la visibilidad de las personas trans. Desafortunadamente, no fue posible por la comprensible apretada agenda que estos días tiene después del lanzamiento de la Playboy.

Quisiera cerrar con una pregunta: cuando se critica a las personas trans por ocupar estos espacios, ¿qué tan lejos está dicha postura de la que defienden grupos conservadores transexcluyentes? Aguas con hacerles la tarea.


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