Ensayos clínicos de vacuna contra el ébola avanzan, pero el brote aumenta su letalidad

Pese a los esfuerzos, ninguno de los proyectos clínicos en desarrollo contra el ébola Bundibugyo está disponible para una campaña general de vacunación.

Desde la conferencia AIDS 2026, expertos detallaron los avances de la vacuna vs el ébola. | Foto: Especial
Río de Janeiro /
Únete al canal de Milenio

Tres candidatos de vacuna contra el ébola causado por el virus Bundibugyo avanzan mediante distintas plataformas científicas, aunque sólo uno ha comenzado a probarse en seres humanos y los otros permanecen en preparación clínica o en estudios preclínicos, mientras el brote registra entre 50 y 70 nuevos casos confirmados por día y una letalidad cercana a 43 por ciento.

Vincent Muturi-Kioi, investigador de IAVI en Kenia, informó durante la 26 Conferencia Internacional sobre el Sida, AIDS 2026, que los proyectos utilizan un adenovirus de chimpancé, tecnología de ARN mensajero y un virus de la estomatitis vesicular recombinante, conocido como rVSV.

Te recomendamos
Brote de ébola en el Congo no se convertirá en pandemia, pero si es de riesgo en África central: OMS

El objetivo es desarrollar una vacuna específica contra el virus Bundibugyo que pueda administrarse en una sola dosis y produzca protección rápida, una característica esencial para inmunizar a contactos y trabajadores sanitarios durante un brote activo.

A diferencia del virus Zaire, para el cual ya existen vacunas autorizadas, el virus Bundibugyo todavía no cuenta con una vacuna aprobada específicamente para prevenir la enfermedad por ébola que provoca.

Oxford inicia el primer estudio en seres humanos 

El candidato más avanzado es desarrollado por la Universidad de Oxford mediante un vector de adenovirus de chimpancé. Muturi-Kioi informó que el primer participante ya había recibido la vacuna dentro de un ensayo clínico de fase 1.

En esta etapa se evaluarán principalmente la seguridad del producto y su capacidad para producir una respuesta inmunitaria. El estudio analizará tanto una aplicación única como un esquema de dos dosis.

El inicio de una fase 1 no significa que la vacuna ya haya demostrado prevenir infecciones, enfermedad grave o muertes. Para establecer su eficacia serán necesarios estudios posteriores y un número considerablemente mayor de participantes.

Muturi-Kioi señaló que los datos preclínicos del candidato de Oxford respaldaron su avance a la evaluación en seres humanos y planteó que podría existir la posibilidad de utilizarlo mediante una sola aplicación, aunque esa opción deberá ser comprobada durante el estudio.

Moderna prepara un candidato de ARN mensajero

Una segunda plataforma es desarrollada por Moderna mediante tecnología de ARN mensajero. De acuerdo con la presentación, el candidato se preparaba para entrar próximamente a estudios clínicos y también evaluaría esquemas de una y dos dosis.

Muturi-Kioi no presentó resultados clínicos de esta vacuna, por lo que todavía no se dispone de datos en seres humanos que permitan establecer su seguridad, inmunogenicidad o eficacia contra el ébola Bundibugyo.

La tecnología busca proporcionar al organismo instrucciones temporales para producir una proteína específica del virus y generar una respuesta inmunitaria capaz de reconocerla.

Varios instituciones científicas avanzan en proyectos de vacuna vs el ébola. | Foto: Archivo

IAVI busca una vacuna de una sola dosis 

La tercera estrategia utiliza un virus de la estomatitis vesicular recombinante, rVSV, modificado para expresar la glicoproteína de la superficie del virus Bundibugyo.

IAVI y Public Health Vaccines trabajan en candidatos basados en esta plataforma. El proyecto de IAVI busca desarrollar una vacuna de una sola dosis que genere inmunidad con rapidez y pueda utilizarse durante una emergencia.

Muturi-Kioi explicó que la plataforma rVSV ya ha sido utilizada frente a otras especies de ébola y que existe información de seguridad derivada de más de 500 mil personas vacunadas con productos desarrollados mediante esta tecnología.

No obstante, esa experiencia no demuestra por sí misma que el nuevo candidato proteja contra Bundibugyo, ya que cada especie del virus presenta diferencias y requiere una evaluación específica.

IAVI espera contar entre octubre y noviembre con material producido para uso en ensayos clínicos y comenzar posteriormente un estudio de fase 1.

Protección completa en grupos pequeños de primates

El candidato de IAVI permanece en etapa preclínica, pero produjo resultados considerados prometedores en primates no humanos. En un experimento, los animales fueron vacunados 29 días antes de ser expuestos al virus Bundibugyo.

Los tres ejemplares inmunizados quedaron protegidos contra la enfermedad, la presencia del virus en la sangre y los síntomas, mientras los animales del grupo de control no recibieron esa protección.

En otro grupo, el intervalo entre la vacunación y la exposición al virus se redujo a sólo tres días. Los tres animales vacunados también quedaron protegidos.

Muturi-Kioi aclaró que se trató de estudios con muestras muy pequeñas, de sólo tres animales por grupo. Por ello, los resultados no pueden interpretarse todavía como una eficacia de 100 por ciento aplicable a seres humanos.

La investigación también evaluó la vacuna después de la exposición al virus. En ese escenario, la protección se observó en aproximadamente 83 por ciento de los animales.

Estos resultados sostienen la posibilidad de desarrollar una vacuna que actúe con rapidez, pero todavía deberán ser reproducidos y evaluados en ensayos clínicos.

Combinación secuencial también muestra protección 

Los investigadores analizaron, además, si vacunas desarrolladas contra otras especies de ébola podían utilizarse de manera secuencial.

En los experimentos, una vacuna contra el virus Sudán fue aplicada primero y una vacuna contra el virus Zaire 14 días después. La estrategia produjo protección completa en los animales estudiados.

Sin embargo, cuando ambas vacunas fueron administradas al mismo tiempo, la protección fue prácticamente nula y similar a la observada en el grupo de control que recibió una solución salina.

El resultado indica que el orden y el intervalo entre las vacunas pueden modificar de manera sustancial la respuesta inmunitaria.

África CDC también analizaba la posibilidad de evaluar una estrategia de vacunación inicial y refuerzo con productos contra los virus Zaire y Sudán.

Muturi-Kioi añadió que Médicos Sin Fronteras estudiaba si una vacuna diseñada contra el virus Zaire podía ofrecer cierto nivel de protección o reducir la gravedad de la enfermedad entre trabajadores sanitarios expuestos al brote de Bundibugyo.

Esas estrategias todavía deben ser investigadas y no sustituyen el desarrollo de una vacuna específica.

Te recomendamos
Suman más de mil casos y 254 muertes por brote de ébola en RD del Congo

Vacunación en anillo para interrumpir la transmisión 

Los investigadores consideran que una vacuna de aplicación única y acción rápida podría utilizarse mediante vacunación en anillo.

La estrategia consiste en identificar un caso confirmado y vacunar a sus contactos directos, a los contactos de éstos y a los trabajadores sanitarios expuestos, con el objetivo de formar una barrera inmunitaria alrededor de cada persona infectada.

Este método fue utilizado durante epidemias causadas por el virus Zaire y permitió evaluar la eficacia de una vacuna en medio de un brote.

Sin embargo, la vacunación en anillo depende de que los equipos sanitarios detecten rápidamente los casos y localicen a la mayoría de las personas expuestas.

Ese requisito constituye uno de los principales problemas de la epidemia actual.

Placide Mbala: Entre 50 y 70 casos confirmados al día

Placide Mbala, médico especialista en enfermedades infecciosas y profesor de microbiología vinculado al Instituto Nacional de Investigación Biomédica de la República Democrática del Congo, fue presentado durante la sesión como nuevo director de Investigación, Ensayos Clínicos e Innovación de Africa CDC.

Mbala informó que el brote acumuló en aproximadamente dos meses una cantidad de casos cercana a la registrada durante una epidemia anterior que se prolongó alrededor de dos años.

“Se puede ver el impacto de este brote para el país, pero también para la región”, advirtió.

El especialista reportó entre 50 y 70 casos confirmados de ébola por día y una expansión sostenida hacia nuevas zonas.

La mayoría de los casos se concentraba en Ituri, pero el virus también había sido detectado en otras provincias debido, principalmente, al desplazamiento de personas desde las zonas con transmisión activa.

Mbala explicó que se trata de una población con elevada movilidad y que la inseguridad dificulta el rastreo de contactos y otras actividades indispensables para controlar la epidemia.

Uno de los principales vacíos es la reducida proporción de contactos identificados y el bajo porcentaje de nuevos casos que pueden relacionarse con una persona previamente confirmada.

Eso significa que numerosas cadenas de transmisión avanzan sin haber sido detectadas por los servicios de vigilancia.

La letalidad subió de 23 a cerca de 43 por ciento 

Mbala informó que el 15 de junio la letalidad del brote se situaba alrededor de 23 por ciento. Durante el corte presentado en AIDS 2026, la proporción había aumentado hasta cerca de 43 por ciento.

Significa que, aproximadamente, cuatro de cada diez personas con diagnóstico confirmado habían muerto. El especialista también alertó sobre el incremento de fallecimientos ocurridos dentro de las comunidades.

Las muertes comunitarias son especialmente preocupantes porque pueden corresponder a personas que no recibieron diagnóstico ni fueron aisladas antes de morir.

Durante la enfermedad y la preparación del cuerpo para el funeral, familiares, cuidadores y otras personas pueden entrar en contacto con sangre o fluidos corporales infectados y originar nuevas cadenas de transmisión.

Mbala presentó, además, información sobre trabajadores sanitarios infectados y fallecidos, aunque la transcripción de la sesión no conserva con claridad las cifras exactas. Por ello, esos números no se incluyen.

Expertos advirtieron sobre el aumento en la letalidad del ébola. | Foto: Archivo
El brote se propaga entre poblaciones móviles 

Los datos expuestos por Mbala mostraron que la mayor carga de enfermedad se concentraba en Ituri, donde se encontraban, aproximadamente, 26 zonas sanitarias afectadas.

También se notificaban casos en alrededor de diez zonas sanitarias de Kivu del Norte, además de otras áreas a las que llegaron personas procedentes de Ituri.

Mbala señaló que varias de las zonas con aumento de casos se encuentran vinculadas con actividades mineras, donde existe una movilidad intensa de trabajadores y comunidades.

El desplazamiento constante dificulta localizar a quienes estuvieron en contacto con un paciente durante el periodo en el que pudo transmitir el virus.

La inseguridad también impide que los equipos de respuesta ingresen de manera continua a determinadas comunidades, obtengan muestras, trasladen enfermos y mantengan el seguimiento de los contactos.

Las vacunas todavía no están listas para uso general 

Pese a los avances, ninguno de los candidatos específicos contra el ébola Bundibugyo está disponible para una campaña general de vacunación.

El proyecto de Oxford apenas se encuentra en fase 1; el de Moderna se preparaba para comenzar la evaluación clínica, y el candidato de IAVI seguía en estudios preclínicos, aunque con el propósito de iniciar ensayos en seres humanos después de producir el material necesario.

Muturi-Kioi indicó que se esperan datos de los ensayos clínicos a principios del próximo año, con la expectativa de contar con productos que puedan servir en el brote actual o en futuras epidemias.

También planteó la necesidad de almacenar vacunas experimentales o candidatas prometedoras y considerar la inmunización anticipada de trabajadores sanitarios con alto riesgo de exposición.

La experiencia con una vacuna de IAVI contra el virus Sudán mostró que disponer con anticipación del producto puede acelerar la investigación: durante un brote anterior, el candidato fue entregado a los equipos de Uganda y comenzó a utilizarse en un ensayo de fase 3 cuatro días después de la declaración de la emergencia.

Para Muturi-Kioi, la lección principal es que la investigación no puede empezar cuando el brote ya se ha extendido. Los candidatos deben desarrollarse, producirse y estar listos para evaluarse antes de que aparezca la siguiente emergencia.

El brote actual deja una carrera desigual: el virus produce decenas de casos confirmados cada día, mientras las vacunas específicas todavía recorren las primeras etapas necesarias para demostrar que son seguras y eficaces.

El río oscuro: a 50 años de combatir el ébola 

Peter Piot tenía 27 años cuando, en 1976, participó en el equipo internacional que aisló por primera vez el virus del Ébola, un agente desconocido que provocaba epidemias simultáneas en África y causaba una mortalidad devastadora.

Medio siglo después, el científico belga reconstruyó aquel episodio durante una conferencia en AIDS 2026, y recordó que el hallazgo no fue obra de una sola persona.

“Fue un esfuerzo colectivo. Nadie lo descubrió realmente por sí solo. Todos trabajamos juntos”, afirmó Piot, quien destacó especialmente la participación del médico Jean-Jacques Muyembe.

Muyembe fue uno de los primeros científicos que llegó al brote en el entonces Zaire, actual República Democrática del Congo.

Atendió a los enfermos, obtuvo muestras de sangre y las envió al Instituto de Medicina Tropical de Amberes, en Bélgica, porque en el país africano no existía la capacidad de laboratorio necesaria para aislar al agente.

Piot recordó que algunos periodistas intentaron enfrentar a los investigadores para determinar quién había descubierto el virus, pero la disputa no prosperó porque los científicos mantuvieron la colaboración y evitaron pelear por la autoría.

En septiembre y octubre de 1976 se anunció que una enfermedad desconocida se extendía en una provincia de Zaire, mientras otra epidemia semejante avanzaba en el territorio que actualmente corresponde a Sudán del Sur.

En ese momento, dijo, no existían la prueba PCR, la secuenciación genética ni bases de datos capaces de identificar rápidamente un patógeno.

Los investigadores tuvieron que inocular las muestras en ratones recién nacidos, cobayos y cultivos celulares para observar su comportamiento.

“Aislar virus era algo parecido a cocinar”, recordó Piot al describir los procedimientos de laboratorio.

El 11 de octubre de 1976, los científicos observaron las muestras mediante un microscopio electrónico.

En lugar de las estructuras redondas que esperaban encontrar, apareció un microorganismo largo y filamentoso, semejante a “espaguetis o gusanos”.

La imagen obtenida mediante microscopía electrónica se convirtió en una de las primeras representaciones del virus del Ébola y, posteriormente, fue publicada en la revista científica The Lancet.

La estructura se parecía a la del virus de Marburgo, identificado años antes, por lo que inicialmente los investigadores pensaron que podía tratarse del mismo patógeno.

Las muestras fueron enviadas a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, en Atlanta, donde una prueba de inmunofluorescencia confirmó que no era Marburgo, sino un virus nuevo.

Piot admitió que el laboratorio de Amberes no contaba con los niveles de máxima bioseguridad que actualmente se exigirían para manipular un agente de esa peligrosidad.

Después de que otro laboratorio observó una estructura semejante, el equipo recibió la orden de suspender las investigaciones.

“Tuvimos suerte de que nadie se infectara”, reconoció Piot al recordar la exposición de quienes manipularon las muestras sin conocer todavía la gravedad del patógeno.

Los especímenes incluso fueron trasladados mediante un servicio ordinario de mensajería sin medidas de bioseguridad de agentes infecciosos.

Te recomendamos
¿Cómo se contagia el ébola entre humanos? Riesgos del brote de la enfermedad que NO tiene vacuna

El nuevo virus recibió el nombre de ébola por un río cercano a la región del primer brote. Piot explicó que el término significa “río oscuro” o “río negro”.

La epidemia provocada por el virus Zaire alcanzó una letalidad cercana a 90 por ciento, mientras que el brote simultáneo de Sudán registró alrededor de 60 por ciento.

La diferencia ayudó, posteriormente, a demostrar que se trataba de especies distintas del género Ebolavirus.

“Si digo que atendí a pacientes con ébola, en realidad era una atención muy paliativa”, relató Piot.

No existían vacunas, antivirales ni anticuerpos monoclonales. La medicina podía acompañar a los pacientes y tratar algunos síntomas, pero tenía pocas herramientas para modificar la evolución de la enfermedad.

Una vez identificado el virus, la siguiente pregunta fue cómo se transmitía. Los investigadores no sabían si la infección se propagaba mediante mosquitos, agua, alimentos, relaciones sexuales, aire, sangre o contacto directo.

“Tuvimos que hacer investigaciones epidemiológicas muy básicas, basadas en tiempo, lugar y persona”, señaló Piot.

En aproximadamente 48 horas, mediante entrevistas con enfermos, familiares y trabajadores sanitarios, el equipo identificó los principales escenarios de contagio: los hospitales, el cuidado estrecho dentro de los hogares y los funerales.

“Simplemente hablando con la gente supimos que había un problema alrededor del hospital, con los contactos cercanos y durante los funerales”, explicó.
"La conclusión surgió de escuchar a las personas, reconstruir sus movimientos y establecer quién había cuidado, tocado o acompañado a cada enfermo".

Señaló que las investigaciones permitieron determinar que el virus requería contacto directo con sangre u otros fluidos corporales y que los trabajadores sanitarios, los familiares encargados de cuidar a los pacientes y quienes manipulaban los cuerpos durante los rituales funerarios enfrentaban el mayor riesgo. Para Piot, esa continúa siendo una de las características más destructivas del ébola.

“No sólo mata personas, en realidad está matando al sistema de salud”, afirmó.

Un paciente con fiebre, diarrea, vómitos o debilidad puede llegar a una clínica pensando que tiene malaria u otra infección común. Si todavía no ha sido diagnosticado y el personal carece de protección, puede contagiar a médicos, enfermeras, laboratoristas, otros pacientes y familiares.

Piot recordó que alrededor de 150 trabajadores sanitarios murieron durante la gran epidemia de África occidental iniciada en 2014.

“Cualquier persona que entra en un hospital o en una clínica, sea para dar a luz o porque tiene malaria, podría tener ébola e infectar a un trabajador de salud”, explicó.

Décadas después del primer brote, el investigador regresó al lugar donde había comenzado aquella epidemia. Se encontró con una enfermera sobreviviente y recorrió nuevamente el hospital y el laboratorio, cuya infraestructura reflejaba todavía las enormes dificultades para efectuar diagnósticos tempranos y controlar una emergencia.

La visita confirmó, dijo, que la velocidad científica alcanzada en los grandes centros de investigación contrasta con las carencias de los lugares donde comienzan los brotes.

En una epidemia, cada retraso significa que el primer caso permite al virus encontrar nuevos contactos.

De los brotes rurales a las epidemias urbanas 

Durante décadas, los brotes se concentraron principalmente en África central, especialmente en la República Democrática del Congo, donde los equipos encabezados por Muyembe acumularon una amplia experiencia en la investigación y contención del virus.

La epidemia de África occidental de 2014 rompió esa lógica. Piot reconoció que incluso quienes habían estudiado el ébola fueron tomados por sorpresa cuando el virus comenzó a propagarse entre poblaciones urbanas y atravesó las fronteras de varios países.

La emergencia demostró que el ébola no era exclusivamente un problema de África central y que podía mantener una transmisión prolongada en ciudades y provocar una crisis multinacional.

La duración del brote permitió realizar ensayos clínicos controlados durante la epidemia, algo que había sido prácticamente imposible en emergencias anteriores, porque la transmisión terminaba antes de completar los estudios.

La crisis también estuvo marcada por la desconfianza, el descontento social y un enorme impacto económico.

Impulsó la creación de la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias y llegó al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Piot recordó que, hasta entonces, el Consejo de Seguridad había discutido únicamente dos emergencias sanitarias como asuntos de seguridad internacional: el VIH, en 2000, y el ébola, en 2014.

Ahora, instituciones de la República Democrática del Congo, Uganda, Ruanda y Senegal pueden secuenciar el genoma completo de un virus en pocos días, sin depender exclusivamente de laboratorios europeos o estadunidenses.

“Hoy existen centros de excelencia y ciencia de clase mundial en África”, afirmó.

Durante la epidemia de África occidental se utilizó secuenciación genética en tiempo real sobre el terreno, una herramienta que permitió seguir la propagación del virus y establecer conexiones entre casos. Sin embargo, advirtió, la tecnología no basta para contener una epidemia.

El control también depende de hospitales funcionales, laboratorios, caminos, personal protegido, confianza comunitaria y condiciones de seguridad.

“Al final del día, muchas veces éste no es un problema médico ni de salud pública, sino un problema de infraestructura, servicios sanitarios, confianza, pobreza, violencia y conflicto armado”, aseguró.

Peter Piot relató como participó en el equipo que aisló por primera vez el virus del Ébola. | Foto: Especial

Del Ébola a la respuesta mundial al VIH

Después de participar en el aislamiento del ébola, Piot dirigió durante la década de 1980 investigaciones sobre el VIH en África.

Sus estudios contribuyeron a documentar la magnitud de la transmisión heterosexual en el continente, así como la historia natural, las manifestaciones clínicas y la epidemiología de la infección.

En 1992 se incorporó al Programa Mundial sobre el Sida de la Organización Mundial de la Salud como director asociado. Posteriormente, fue director ejecutivo fundador del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida, ONUSIDA, y subsecretario general de Naciones Unidas.

Su gestión coincidió con decisiones centrales de la respuesta mundial, entre ellas la creación del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria y el impulso al acceso internacional a los medicamentos antirretrovirales.

Durante su exposición en AIDS 2026, Piot sostuvo que las respuestas al VIH y al ébola comparten lecciones esenciales, aunque se trate de enfermedades biológica y epidemiológicamente distintas.

El VIH se transmite por vía sexual, sanguínea o vertical y, sin tratamiento, puede avanzar durante años hasta causar sida.

El ébola produce una enfermedad aguda que puede causar la muerte en días y se transmite principalmente mediante contacto directo con fluidos corporales después del inicio de los síntomas.

Pero ambas epidemias, señaló, han estado atravesadas por el miedo, el estigma, la desconfianza hacia las instituciones, la desigualdad en el acceso a los avances científicos y las dificultades para proteger a los grupos más expuestos.

Para Piot, la experiencia del VIH demostró que las innovaciones científicas requieren inversiones sostenidas, coordinación internacional, participación comunitaria e investigación integrada a la atención de los pacientes.

También enseñó que descubrir una vacuna, un medicamento o una prueba diagnóstica representa sólo una parte del camino.

Son productos que no modifican una epidemia, si no llegan con rapidez y en condiciones accesibles a las comunidades donde se necesitan.

El científico advirtió que los saltos de virus desde animales hacia seres humanos seguirán ocurriendo. El reservorio natural del ébola son los murciélagos frugívoros, de acuerdo con la principal hipótesis.

Piot aclaró que, a diferencia del virus de Marburgo, el virus del Ébola nunca ha sido aislado directamente de un murciélago frugívoro. Existen indicios genómicos parciales y anticuerpos, pero el origen animal y las condiciones exactas del salto hacia los seres humanos no se han resuelto por completo.

“No podemos impedir que se produzcan todos los saltos zoonóticos. Siempre ocurrirán”, afirmó.

Lo que sí puede evitarse, agregó, es que el primer caso se transforme en una epidemia de gran magnitud.

Para ello se requiere detectar rápidamente a los enfermos, rastrear sus contactos, proteger al personal sanitario, garantizar entierros seguros, desarrollar vacunas y mantener sistemas de salud capaces de responder desde el primer día.

Cincuenta años después de observar por primera vez aquel virus filamentoso bajo un microscopio, Piot resumió el desafío con una advertencia: la ciencia ha avanzado, pero las epidemias seguirán encontrando espacio para propagarse mientras persistan la pobreza, la desconfianza, los conflictos y los sistemas sanitarios debilitados.

“Cuando se trata de epidemias, no hay tiempo que perder”, afirmó.

IYC

  • Blanca Valadez
  • Periodista formada en la UNAM. Con 33 años de oficio, impulsada por la curiosidad y la aventura. Ha captado la voz de ilustres como Octavio Paz y Carlos Fuentes. Hoy explora los enigmas del cuerpo y la mente en relatos que resuenan en prensa, TV, radio y web.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite