En México, 34.8 por ciento de las adolescentes de entre 15 y 19 años ya ha iniciado su vida sexual, lo que adelanta la exposición al Virus del Papiloma Humano, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2023.
Se trata de una infección, generalmente asintomática, y que está relacionada con prácticamente todos los casos de cáncer cervicouterino, con sus variantes de alto riesgo.
Además, es responsable de alrededor de 95 por ciento de los diagnósticos, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud en el Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino.
Atención temprana
A pesar de tratarse de un padecimiento prevenible, en México se registraron 10 mil 348 nuevos casos en 2022, lo que lo coloca como el segundo cáncer más frecuente en mujeres, solo por debajo del cáncer de mama, de acuerdo con datos de GLOBOCAN.
La detección oportuna mediante tamizaje y el acceso a tecnologías diagnósticas avanzadas se consolidan como la principal barrera para evitar el desarrollo del cáncer cervicouterino en México, una enfermedad prevenible que sigue posicionándose entre las principales causas de enfermedad y muerte en mujeres.
Especialistas advierten que el riesgo se incrementa debido a que la infección suele adquirirse desde los primeros años de vida sexual y puede permanecer durante años sin provocar síntomas visibles, lo que retrasa su detección y tratamiento.
“Por ese comportamiento silencioso, el tamizaje periódico es fundamental. Detectar infecciones por VPH de alto riesgo o lesiones precursoras permite intervenir antes de que la enfermedad avance”, explicó Ana Karen Soto Sañudo, coordinadora del Departamento de Patología del Hospital Regional del ISSSTE Dr. Manuel Cárdenas de la Vega.
Las tecnologías diagnósticas han adquirido un papel central en la detección temprana. La citología de base líquida, por ejemplo, mejora la calidad de la muestra frente al papanicolaou convencional y permite identificar alteraciones celulares en etapas iniciales.
Además, estas herramientas incorporan pruebas moleculares capaces de detectar el ADN del virus y ubicar genotipos de alto riesgo como el 16 y el 18, responsables de alrededor del 70 por ciento de los casos de cáncer cervicouterino a nivel mundial.
“Las herramientas diagnósticas actuales permiten identificar no solo la presencia del virus, sino también los genotipos asociados con mayor riesgo. Esto ayuda a orientar mejor el seguimiento clínico y fortalecer los programas de detección oportuna”, señaló José Antonio Duarte, gerente de Asuntos Médicos de BD.
Ante un padecimiento que no presenta síntomas en sus primeras etapas, especialistas coinciden en que el tamizaje constante, acompañado de innovación tecnológica y acceso oportuno a los servicios de salud, es la vía más efectiva para reducir la incidencia y mortalidad del cáncer cervicouterino en México.
A nivel de política pública, organismos internacionales han insistido en la necesidad de ampliar la cobertura de vacunación contra el Virus del Papiloma Humano, así como garantizar el acceso equitativo a pruebas de detección en mujeres de todas las regiones, particularmente en zonas con menor acceso a servicios de salud, donde la enfermedad suele diagnosticarse en etapas avanzadas.
En México, el reto persiste en cerrar las brechas de acceso y fortalecer la cultura de prevención, ya que la combinación de vacunación, tamizaje periódico y seguimiento clínico oportuno puede evitar la mayoría de los casos y reducir de manera significativa la mortalidad asociada a este cáncer.
IOGE