La dieta keto, mejor conocida por los médicos como cetogénica, lleva más de cien años existiendo pero probablemente nunca había gozado de tanto popularidad como ahora.
El modelo de alimentación que prioriza las grasas, con variables niveles de proteína y casi nulos carbohidratos, es recomendado en redes sociales por influencers que le atribuyen resultados efectivos para bajar de peso. Si bien la ciencia respalda su uso también alerta algo que se suele ignorar: no es una opción para todos.
¿Quiénes obtienen los mejores resultados con la dieta keto?
La dieta keto nació para tratar trastornos neurológicos, con el tiempo su aplicación se extendió a otros ámbitos. Es recomendable, siempre y cuando sea bajo supervisión médica, pues de acuerdo con los especialistas se trata de un modelo restrictivo que reduce drásticamente los carbohidratos y los reemplaza con grasas para inducir la cetosis.
Este estado metabólico natural consiste en que el cuerpo quema grasa acumulada para obtener energía en lugar de usar glucosa o carbohidratos. Dadas sus características puede ayudar a perder peso y mejorar los indicadores relacionados con enfermedades metabólicas, sin embargo, no todo es bueno. De acuerdo con las investigaciones, conlleva algunos riesgos para la salud, además de que sus efectos no son claros a largo plazo.
Un estudio publicado este año ahondó sobre los contextos en los que brinda los mejores resultados. Para ello, el grupo de investigadores del Centro de Nutrición Humana de la Universidad de Washington, Saint Louis, analizó su eficacia junto con la de otros dos tipos de dieta (mediterránea y vegetal baja en grasas) en personas con obesidad, prediabetes e hígado graso.
Los 42 participantes que siguieron estos regímenes alimenticios por casi cinco meses mostraron alrededor del 10% de pérdida del peso corporal y notaron que la sensibilidad de los músculos a la insulina mejoró cerca de un 50% con las tres dietas.
Aunque los tres modelos compartieron beneficios, los efectos más significativos sobre el hígado se detectaron en quienes siguieron la dieta keto. De acuerdo con el artículo publicado en la revista Cell, la sensibilidad a la insulina en este órgano aumentó de 2 a 3 veces más y la creación y acumulación de grasa bajaron de forma más drástica.
Por ello, los autores concluyeron que, si bien las tres dietas resultaron útiles, la opción keto parece generar beneficios significativamente mayores para las personas con prediabtes e hígado graso.
No es la primera vez que un artículo publica resultados a favor de esta dieta, no obstante, el presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, Francisco J. Tinahones señala que el gran problema de la dieta cetogénica es la seguridad y los efectos a largo plazo pues “no hay ningún estudio fiable que valore sus efectos, por ejemplo, sobre la enfermedad cardiovascular”.
¿Por qué no es una opción para todos los contextos?
En una charla con MILENIO, la Dra. Paola Zarza Reynoso detalló: lo primero que hace un especialista al prescribir este tipo de dieta es suplementar al paciente, pues se trata de una forma restrictiva de alimentación.
“Se vigilan los niveles de lípidos, de glucosa. No todo el mundo es candidato, es decir, no solo porque quiero bajar de peso lo puedo hacer, el impacto es amplio e incluso puede afectar la parte psicológica y la relación con la comida”, dijo durante esa charla.
Debido a que son dietas difíciles de sostener en el tiempo, tienen un periodo específico y corto de duración. Sin una guía adecuada, pueden generar hambre y desencadenar reacciones negativas en el cuerpo como caída de cabello, problemas digestivos o pérdida de masa muscular.
De acuerdo con un estudio publicado en enero de 2026, adoptar la dieta keto también implica la posibilidad de padecer “gripe cetogénica” —la cual incluye cansancio, debilidad, dolor de cabeza, mareos, náuseas, mal humor y dificultad para concentrarse— así como un aumento en las ganas de ir al baño.
“Estos efectos suelen prevenirse si la transición a la dieta cetogénica se realiza con la preparación adecuada”, se lee en el artículo.
La investigación detalla que existen situaciones en las que se debe descartar esta opción:
- Pacientes con enfermedades genéticas raras específicas.
- Caso de pancreatitis aguda, insuficiencia hepática aguda o etapas avanzadas de enfermedad renal crónica.
- Uso de propofol
- Niveles altos de colesterol
- Mujeres embarazadas o en periodo de lactancia
- Niños y adolescentes
- Pacientes con diabetes 1
LHM