El falocentrismo y el coitocentrismo han hecho creer a los hombres que su vida sexual termina tan pronto su pene comienza a “fallar”. O sea, cuando empiezan con dificultad para tener erecciones.
Este pensamiento los ha privado de otras maneras de disfrutar su sexualidad tanto individual, como la de pareja. “Piensan que su pene es el órgano que les genera placer, pero no es así”, expuso Camila Lavalle, educadora sexual de JoyClub, a MILENIO. “Hay muchas formas de explorar”, afirmó.
Explorar otros estímulos sin expectativas
Además del consentimiento y la disposición, la apertura de mente es crucial para empezar (o volver a) la diversificación del placer. Y uno de los primeros pasos que Lavalle mencionó es entender que estas nuevas sensaciones serán diferentes a las experimentadas en el pene o los testículos.
“Al final no es lo mismo y obviamente van a salir perdiendo. O sea, si yo comparo tocarme el clítoris con tocarme la oreja, obviamente no va a ser lo mismo”.
Con ello en mente es posible comenzar a explorar el mapa erótico, es decir, las zonas, caricias y estímulos que provocan placer y estimulación. Existen diversas maneras, ejercicios y experiencias para realizarlo, ya sea en pareja, individualmente o incluso recomendadas en terapias sexológicas.
“Una técnica que me gusta mucho es con el hombre como la parte pasiva: él está acostado, mientras la otra parte (la pareja) recorre todo el cuerpo con intención de erotizar.
Puede ser chupado, tocado, etcétera. Pero es recorrer todo el cuerpo sin tocar el pene ni los testículos —porque ahí es evidente que habrá placer —, sino revisar, por ejemplo, cuello u orejas. Y la persona pasiva tiene que revisar qué le hace sentir eso”, explicó Lavalle.
Por supuesto, aclara la especialista, es normal sentir cierta incomodidad en los primeros ejercicios “porque (los hombres) no se habían permitido sentir mucho”. Sin embargo, es cuestión de práctica y de tiempo para que la persona descubra que también siente placer cuando, por ejemplo, lo acarician detrás de la rodilla, en la espalda baja, en la oreja o incluso en el ano.
“La clave es no tener expectativas y no comparar esas sensaciones con las del pene. (...) Entonces, es permitirse esa parte de la exploración y revisar el mapa erótico más allá del pene y los testículos”.
Por su parte, el sexólogo Mario Alberto Delgado, reafirmó que el desempeño y placer sexual masculino no se limita sólo al coito, también abarca otros tipos de experiencias como el sexo oral, el sexo manual, la estimulación física con caricias o besos e incluso la propia imaginación.
“Existen, por ejemplo, las eyaculaciones nocturnas, donde, sin tener absolutamente ningún intercambio físico, la imaginación llega a provocar esta reacción durante el sueño. Es verdaderamente importante saber qué tan poderosa es nuestra mente. Esto muestra que tenemos una variedad mucho más amplia de estimulación”.
El punto ‘P’
Así como existe el “Punto G” en mujeres y personas con vagina, los hombres también cuenta con una zona erógena altamente sensible denominada como el “Punto P”; la cual se sitúa en la próstata.
Pero a pesar que su estimulación puede generar orgasmos intensos y placer, ha sido catalogada como una práctica meramente homosexual, pues la manera de acceder a ese punto es por vía anal. Y esto, a su vez, ha generado un gran rechazo y desprecio entre hombres heterosexuales.
“De entrada hay que entender que la práctica no define tu orientación sexual”, recalcó Camila. “Si hay sexo anal, no define tu orientación sexual. Pero muchos hombres no conocen eso (lo del ‘Punto G’) y si lo conocen, se alejan porque justo les aterra ese tema del ano y vuelven (a adoptar) esta parte de lo del pene erecto”.
La pareja no es responsable de la erección
Cuando el varón comienza a presentar episodios de disfunción eréctil, aperturarse a otras prácticas sexuales se vuelve complejo ya que implica deconstrucción, una profunda confianza mutua y deconstrucción no sólo del hombre, también de su pareja.
“Claro que es una deconstrucción tanto de los vatos como de las morras. (...) independientemente si es mujer u hombre, se ha dictado que la pareja es responsable de la erección. (...) Se adjudica de que ‘yo soy el problema’ o ‘no le gusto’, ‘no le prendo’ o ‘no lo excito’. Y nada que ver”, señaló Camila.
Desprenderse de la idea de que el sexo es exitoso sólo cuando hay erección y eyaculación también puede ser un reto para la pareja “por lo mismo de que esta carga al pene es muy cañona, pues le dan todo el valor y piensan que si no funciona el pene, no funcionada nada de la dinámica”.
“Afecta la dinámica porque no entendemos muchos conceptos ni dinámicas de la sexualidad que, si las entendiéramos, no nos generaría tanto malestar”.
ASG