Dar de comer sin superficie para poder sembrar, el reto

Con la tierra cargada de estrés, investigadores de la UAAAN avanzan en biotecnologías que fomentan una agricultura agroecológica funcional; la población se incrementa..., pero la superficie no

Día Mundial de la Alimentación: agricultura resiliente en La Laguna. | Foto: Verónica Rivera
Torreón, Coahuila /
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La tierra se mantiene en constante estrés y los profesionistas del ámbito agropecuario enfrentan un reto enorme. Se trata de producir alimentos suficientes para una población cada vez más grande que habitará un mundo con muchas dificultades. Para el año 2050 se piensa que podrían ser al menos 9 mil 800 millones de personas en el planeta. Y a todas se les deberá dar de comer.

Pero junto al reto de producir más alimentos con gran valor nutrimental, se enfrenta la reducción de superficie cultivada per cápita originada por el daño constante al suelo y la expansión de las ciudades, de tal manera que la población se incrementa, pero la superficie no. Ante este escenario, la tecnología propuesta por investigadores de la UAAAN apuntala una agricultura agroecológica funcional.

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Fabián García Espinoza es doctor en Ciencias por la Universidad de Córdoba. Es ingeniero agrónomo parasitólogo y maestro en Ciencias por la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN). MILENIO le consulta lo que la academia ofrece como alternativa ante este escenario. Y responde sin dudar que habrá que dar de comer aun y con menos disponibilidad de suelo cultivable, pero además con suelos cargados de estrés hídrico ante la falta de agua, así como por las altas temperaturas propiciadas ante el calentamiento global.

“El calentamiento global va a estar cambiando las temperaturas y habrá un estrés no solamente por deficiencia de agua, que es lo más presente, sino, por ejemplo, como lo que vemos ahora: esta movida que dieron las lluvias, de no llover nada en septiembre y venir para los últimos días del mes y los primeros de octubre, estamos ya a 5 de octubre y llevamos una semanita así.

“Pues estas lluvias, por muy bonitas y buenas que sean, van a tener un efecto en nuestros cultivos. Ahora mismo, los pobres señores que tienen melón, sandía tardía, yo tengo calabaza ahí en el campo, pues esta humedad en exceso nos va a causar enfermedades por hongos y por bacterias. Y esto se debe al cambio climático y al movimiento de las lluvias que teníamos medianamente para principios y mediados de septiembre, que era cuando se necesitaban”.

Fabián García Espinoza, maestro en Ciencias por la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN). | Foto: Verónica Rivera.

Ciencia en el surco

García Espinoza dijo que el estrés hídrico seguido por sequías prolongadas o incluso la anegación repentina de suelos ante el cambio de las temporadas de lluvias son un verdadero problema a enfrentar. Y a ello se suman suelos cada vez más dañados ante las prácticas de la agricultura convencional. Es por ello que se propusieron aplicar la ciencia en el surco.

“Tenemos que proporcionar al sector agropecuario alternativas para paliar estrés hídrico, estrés salino, estrés por temperatura y de eso se van a encargar bacterias y algunos hongos, estos microorganismos, para ayudar a nuestros cultivos a ser resilientes y poder soportar estas condiciones adversas”.

El doctor Luis Abraham Chaparro Encinas es el encargado del laboratorio donde están depositadas estas cepas bacterianas nativas, es decir, recolectadas en la Comarca Lagunera. Y fue a finales de agosto cuando, como expertos, con la idea de compartir la cosecha del año en la UAAAN, dieron a conocer los resultados de sus investigaciones con la comunidad universitaria dentro de su primer Capibara Fest.

Allí presentaron los resultados del proyecto de hibridación del chile chiltepín que se sembró en el campo experimental de la Universidad, así como la evaluación de biofertilizantes a partir de microorganismos nativos en el chile jalapeño. Se trata de bioinoculantes que disminuyen el uso de fertilizantes convencionales y plaguicidas sintéticos.

Día Mundial de la Alimentación: agricultura resiliente en La Laguna. | Foto: Verónica Rivera.

Los proyectos se desarrollaron y los estudiantes pudieron realizar algunas tesis, pero la divulgación de los resultados abre la puerta para realizar una vinculación con la sociedad. En ese encuentro se informó que los doctores probaron los biofertilizantes en laboratorio, luego en un invernadero y, al funcionar, los sometieron a prueba en condiciones reales, es decir, en campo. Y el resultado fue que las plantas tratadas resultaron más vigorosas o productivas, reportando menos incidencias de plagas por los inoculantes.

El doctor Luis Abraham Chaparro Encinas refirió que la investigación tiene alrededor de tres años, tiempo en que se aislaron los microorganismos, y el trabajo que realizan los investigadores de la UAAAN se enfoca en el fenotipo de la planta, en este caso, el maíz y el chile nativo. La nutrición de las plantas se realiza con la colaboración del doctor José Rafael Paredes Jácome y el uso de los microorganismos. Con la interacción tripartita se gana mucho más porque, después de ensayar en la escuela, se lleva a los campos laguneros.

Al usar microorganismos, lo que intentan es reducir hasta en un 50 por ciento la aplicación del fertilizante químico. Y para ello se realiza un análisis de suelo para aplicar en él solo el producto que necesita y lo que la planta podrá absorber.

Día Mundial de la Alimentación: agricultura resiliente en La Laguna. | Foto: Verónica Rivera.

Ayudar a la comunidad

El doctor Fabián García recordó que tanto el suelo como el agua de la Comarca Lagunera son salinos, con altas cargas de calcio, potasio y sodio. Sin embargo, hay bacterias que ayudan a las plantas a tolerar estas condiciones. Otras ayudan a resistir condiciones de altas temperaturas como las que se viven en la región, con veranos de hasta los 45 grados centígrados a la sombra.

“También vamos a tener microorganismos de estas cepas que hemos estudiado en el cultivo del chile, que ayudan además a la protección de las plantas. Esto hay que estudiarlo más a fondo, ya que puede estar induciendo mecanismos de resistencia sistémica para tolerar daño por plagas o para producir cuerpos volátiles que van a evitar el daño por plagas”.

Asimismo, lo que se busca es realizar consorcios bacterianos bajo la idea de que si una funciona bien, juntas funcionan mejor. Así, cinco, seis o más bacterias en un solo formulado podrían ayudar a resistir la salinidad, a mejorar las condiciones de temperatura y a que la planta resista contra plagas y enfermedades, promoviendo el desarrollo vegetal a través de shot en los cultivos.

“Lo bueno y lo bonito de esta serie de experimentos es que ya vimos que en campo, una porción relativamente pequeña, funciona en condiciones reales: de riego, de suelo, de temperatura. Funciona. Ahora hay que magnificarlo, a lo mejor empezar con una hectárea completa, con una de las mejores cepas o con uno de los consorcios. Hacer parcelas demostrativas en grande para decirle a los agricultores que si funciona en una hectárea, funcionará en cien, y si funciona en cien, lo hará en miles.

Día Mundial de la Alimentación: agricultura resiliente en La Laguna. | Foto: Verónica Rivera.

“Ahora lo que buscamos es tener un buen sistema de producción del inóculo inicial, es decir, cantidades suficientes de producción de bacterias para poder luego envasar el formulado y proporcionárselo a los productores. 

"Toda la agricultura va en esta tendencia porque aprovechar estas biotecnologías no queremos inmediatamente superar la producción con un sistema convencional donde van todos los fertilizantes y plaguicidas. Queremos de perdida igualar. ¿Dónde está la ganancia? Si obtenemos una producción similar donde se utiliza un control convencional, muy seguramente aquí ya hay una reducción de costos”.

No obstante, García Espinoza comentó que la mayor ganancia se da en la reducción de la carga química en el medio ambiente, obteniendo alimentos más inocuos, con menos residuos. Esta tecnología ya se ha usado en la producción de maíz, melón, sandía, chile, calabaza y en flores de cempasúchil. Y funciona.

¿Llegará el punto en que se pueda comercializar el producto? Se le pregunta al investigador. Y contestó que sí, pero se deben caracterizar las cepas bacterianas, darles un nombre científico y ver sus aptitudes y sus aplicaciones. Así vendría la formulación y su registro ante la Cofepris para su distribución. A eso aspiran, pero para ello necesitan el apoyo de las instituciones y la iniciativa privada.

e&d

  • Lilia Ovalle
  • Socióloga por la Universidad Autónoma de Coahuila. Periodista desde el año 1999.

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