El hígado, el intestino y el cerebro forman un eje funcional estrechamente interconectado, cuyo deterioro puede derivar en enfermedades digestivas, hepáticas y neurológicas, alertaron especialistas del Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN).
“El hígado, el intestino y el cerebro están en comunicación constante a través de la sangre, el nervio vago y el sistema inmunológico. No funcionan de manera aislada”, explicó Julio Isael Pérez Carreón, investigador del grupo de Genómica de Enfermedades Hepáticas del instituto.
El especialista detalló que esta interacción incluye procesos metabólicos clave, como el del triptófano y la serotonina, neurotransmisor que se produce principalmente en el intestino.
“Aunque solemos pensar que la serotonina solo tiene que ver con el cerebro, su producción ocurre en el intestino y su regulación depende en gran medida del hígado”.
Pérez Carreón enfatizó que el daño hepático no es necesariamente irreversible si se detecta de manera temprana.
“Si actuamos a tiempo, el daño hepático se puede revertir y el organismo recupera su equilibrio. El cuidado diario es clave para una mejor salud integral”.
El equipo del INMEGEN estudia cómo un hígado sano puede evolucionar hacia enfermedades graves como cirrosis o cáncer hepático.
Entre sus hallazgos, identificaron que pacientes con cáncer presentan menor expresión de proteínas como la INMT, relacionada con el metabolismo de neurotransmisores derivados del triptófano.
“Esta disminución no se observa en hígados sanos y podría ser un marcador importante de progresión de la enfermedad”, apuntó el investigador.
Los especialistas advirtieron que el daño hepático avanzado puede tener consecuencias severas más allá del hígado. “Cuando el hígado falla, se acumulan sustancias tóxicas como el amonio en la sangre, que pueden llegar al cerebro y provocar encefalopatía hepática, con síntomas que van desde desorientación hasta coma”, señalaron.
Por su parte, el estudiante de doctorado del INMEGEN Isaac Aguirre Maldonado destacó el papel protector del órgano.
“El hígado funciona como un gran escudo fisiológico que protege al organismo frente a la inflamación intestinal, especialmente la derivada de dietas poco saludables”.
Aguirre Maldonado advirtió que los desequilibrios alimenticios sostenidos en el tiempo tienen un impacto directo en este eje.
“El consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y alcohol, con los años, puede llevar a hígado graso y fibrosis hepática”.
Ante este panorama, los especialistas insistieron en la prevención como la principal estrategia. “Una alimentación balanceada, el ejercicio regular, evitar el alcohol, cuidar el sueño y no automedicarse son medidas fundamentales para proteger la salud del hígado, el intestino y el cerebro como un sistema integrado”.
LG