Aunque muchas personas consideran que dormir entre siete y nueve horas es suficiente para recuperarse, la realidad es que la calidad del sueño depende de mucho más que el tiempo que pasamos en la cama.
Por eso algunas personas pueden cumplir con las horas recomendadas y aun así despertar cansadas, tener problemas para concentrarse o sentir que su energía no es la misma durante el día.
Especialistas en sueño advierten que el descanso adecuado está relacionado con factores físicos, emocionales y ambientales que influyen directamente en la forma en que el cerebro y el cuerpo se recuperan durante la noche.
No basta con dormir muchas horas
La evidencia científica muestra que una persona puede permanecer ocho horas en la cama y aun así no obtener un sueño reparador.
Investigadores han encontrado que interrupciones frecuentes durante la noche, dificultades para alcanzar fases profundas del sueño o trastornos como el insomnio pueden afectar la calidad del descanso, incluso cuando el tiempo total de sueño parece suficiente.
Esto ayuda a explicar por qué algunas personas despiertan agotadas a pesar de haber dormido toda la noche.
El estrés puede ser uno de los principales responsables
De acuerdo con especialistas citados en estudios sobre calidad del sueño, los niveles elevados de estrés y ansiedad tienen un impacto importante en el descanso nocturno.
Las preocupaciones, los problemas laborales, las tensiones familiares o los episodios de ansiedad pueden dificultar que el cerebro entre en un estado de relajación adecuado para dormir profundamente.
En estos casos, la persona puede dormir varias horas, pero experimentar despertares constantes o un sueño menos reparador.
La llamada higiene del sueño reúne prácticas que ayudan a mejorar el descanso. Entre las más recomendadas por expertos se encuentran:
- Mantener horarios regulares para dormir.
- Evitar el uso del celular o dispositivos electrónicos antes de acostarse.
- Reducir el consumo de cafeína durante la tarde y la noche.
- Procurar actividades relajantes antes de dormir.
- Evitar cenas abundantes poco antes de acostarse.
Aunque parecen cambios sencillos, diversos estudios han encontrado que pueden influir significativamente en la calidad del sueño.
El entorno donde duermes importa más de lo que crees
La temperatura de la habitación, la presencia de ruido o el exceso de luz también pueden afectar el descanso.
Los especialistas recomiendan dormir en espacios oscuros, silenciosos y cómodos para favorecer los ciclos naturales del sueño.
Incluso pequeñas interrupciones durante la noche pueden impedir que el cerebro complete correctamente los procesos de recuperación física y mental.
Una revisión científica publicada en la revista Frontiers in Neuroscience encontró que la falta de sueño puede afectar funciones cognitivas esenciales como la atención, la memoria, el aprendizaje y la toma de decisiones.
Los investigadores señalan que muchas personas no perciben de inmediato este deterioro y suelen atribuirlo al estrés cotidiano o al envejecimiento, cuando el sueño insuficiente podría ser una de las causas principales.
Por ello, si duermes ocho horas pero sigues despertando cansado, la respuesta podría no estar en dormir más tiempo, sino en revisar la calidad de tu descanso y los factores que están influyendo en él cada noche.
JCM