Ocho de cada 10 personas sexualmente activas contraerán el Virus del Papiloma Humano (VPH) en algún momento de sus vidas. A pesar de ser tan común, al menos 27 millones de las mujeres que lo portan en México nunca sabrán que lo tienen, según revelan datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El estigma y la desinformación suman a la creciente carga de este patógeno asociado con el cáncer del cuello uterino, pene, colon y bucofaringeo. Las autopruebas y un nuevo biosensor portátil impulsado por investigadores de la Facultad de Ciencias de la UNAM abren una nueva puerta para frenar los casos de enfermedades severas, pero totalmente prevenibles.
¿Qué es el VPH?
El VPH sigue siendo un tema del que pocos están dispuestos a hablar, pese a que la mayoría de las personas sexualmente activas se infectarán al menos una vez a lo largo de la vida.
“Es una enfermedad que se presenta únicamente en mujeres”,"Puede ser mortal”: fueron algunas de las respuestas que dieron jóvenes universitarios para MILENIO cuando se les consultó si podían definir la enfermedad.
Este virus, cuya información está contenida en una hebra de ADN, posee cerca de 300 cepas diferentes y sinfín de mitos respecto a su presencia. Por ejemplo, pocos saben que los hombres no solo son portadores, sino que además las infecciones también pueden derivar en complicaciones.
Algunas variantes se alojan en la piel y cerca de 40 viven en las mucosas. A pesar de que el 90% de las infecciones se resolverán solas y sin ningún tipo de síntomas —ya que el cuerpo cuenta con las defensas e inmunidad necesarias para eliminarlo—, al día de hoy muchas personas consideran que su detección es sinónimo de cáncer.
Es verdad que una porción derivará en casos graves (25 de sus cepas son consideradas peligrosas debido a que aumentan la probabilidad del crecimiento anormal de células), sin embargo, son una minoría, de ahí que la vigilancia sea crucial para evitar complicaciones.
“Estas cepas generalmente se adquieren por transmisión sexual. Es decir, que haya un contacto piel con piel infectada. Puede ser mano, boca, genitales”, explica en una entrevista la doctora Tatiana Fiordelisio, responsable del Laboratorio Nacional de Soluciones Biomiméticas para Diagnóstico y Terapia (LaNSBioDyT) de la Facultad de Ciencias en la UNAM.
Recientemente, su equipo logró la creación de un novedoso método para la detección del VPH que está a un paso de convertirse en realidad. Mientras esperan la aprobación de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) LaNSBioDyTofrece autopruebas para detectar al virus antes de que se convierta en un potencial peligro.
¿Cómo saber si tengo VPH? Pruebas y detección
Los tipos de pruebas más comunes de VPH incluyen la citología (Papanicolaou), colposcopia y la prueba de ADN/ARN (PCR).
La primera implica un raspado del cuello uterino. Si bien la incomodidad puede salvar años de vida, tiene más de una desventaja. En realidad, no detecta el virus, sino las consecuencias del mismo: las muestras analizadas permiten observar si hay cambios anormales o células precancerosas.
“Según la tinción que se haga se puede saber si tus células ya están transformadas o se están transformando y están dividiéndose sin control, es decir, detecta cuando el virus ya generó una lesión”
Es por ello que desde hace unos años la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere sustituir el papanicolau por técnicas de detección molecular como la PCR ya que detectan el virus antes de que cause daños celulares.
La PCR es una técnica de biología molecular que busca ADN. La especialista las describe como “cañas de pescar” que captan información específica para ampliarla, lo que permite saber cuánto virus hay. A partir de la muestra, rastrea “pedacitos” del agente infeccioso para detectar las cepas de relevancia médica, entre ellas, la 16 y la 18, que son las de mayor incidencia en México, como comenta la doctora.
¿Cuál sería la edad adecuada para acudir a realizarse cualquiera de las pruebas? Según la especialista, en cuanto una persona comienza a tener relaciones sexuales, ya que “desde tu primera relación puedes infectarte y si no le pones atención, a la larga se puede convertir en un problema”.
En caso de que alguna de ambas pruebas salga positiva, los médicos pueden realizar una colposcopia (que consiste en el uso de un microscopio especial) para confirmar si hay áreas anormales en el cuello uterino.
El equipo de LaNSBioDyT diseñó una prueba híbrida que permite detectar los virus a través de una técnica similar a la PCR en apenas 30 minutos. Según los colores, es posible distinguir tanto las cepas más cancerígenas como las menos agresivas.
Los mitos y violencia: los desafíos para la detección del VPH
En 2013 un grupo de mujeres compartió su experiencia tras su diagnóstico: vivieron el proceso solas, con miedo y culpa.
“Yo a nadie le he dicho. A mí se me hace feo que el mundo sepa... me pasó una vez que una comadre mía le pegó esto [el VPH] y tampoco le había platicado a nadie más que a mí: "¿Qué andaba de pata veloz usted o qué? Qué feo tener eso", le dije. La gente en lugar de ayudar muchas veces no te apoyan (sic)”, dijo Eva, una mujer de 35 años con VPH y un crecimiento anormal de células en el útero, en una investigación liderada por el Colegio de Sonora.
A pesar de que ha pasado más de una década, la forma en que se experimenta la enfermedad de transmisión sexual no ha cambiado, como notó la doctora Tatiana al entrevistar a diferentes mujeres a lo largo de la República.
“Nos contaban que después de ir a hacerse la prueba a escondidas, el marido se había esperado a que terminara la consulta para golpear al doctor por tocar a su esposa”
“Otras nos contaban que decían que iban a rezar el rosario y entonces se juntaban en la casa de una para de ahí ir y que les tomaran la muestra”.
En México, solamente 16% de las mujeres se hacen una prueba de detección, es decir, 27 millones nunca recibirán un diagnóstico.
El papanicolau implica recostarse sobre una superficie incómoda, abrir las piernas para que unas manos desconocidas introduzcan un pequeño espejo en la cavidad vaginal para luego raspar el interior y obtener una muestra.
“Te pone en una situación de vulnerabilidad que a nadie le gusta. Además, hasta ahora, la mayoría de los ginecólogos son hombres y eso también puede ser incómodo. Ir, la silla, el pato que lastima: todo está en contra de que te tomen una muestra”.
A la experiencia, muchas veces atravesada por la violencia ginecológica, se suman los mitos respecto al virus.
“Pensamos que hacernos una prueba de detección es igual a una prueba de fidelidad, de que estuviste con alguien más o que tuviste muchas relaciones sexuales, pero no. La verdad es que uno puede adquirir el virus desde la primera relación sexual y puedes ser portador mucho tiempo sin saber en qué momento te contagiaste.
Hay quienes viven con el virus hasta por 10 años sin presentar ningún síntoma. Cuando llegan a manifestarse, aparecen verrugas en forma de coliflor que causan picazón, ardor o molestias durante el sexo.
“Cuando vemos las lesiones es que ya el virus hizo un daño en las células y es muy importante tratarse porque esas verruguitas pueden convertirse en cáncer con el tiempo, no siempre, no en todos los casos, pero sí es importante revisarse”.
La tendencia a pensar que afecta más a las mujeres que a los hombres aún perdura a pesar de no ser del todo certera.
Es verdad que las infecciones no tratadas tienen el mayor impacto en este sector: de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Salud Pública, se estima que 13 mujeres mueren al día a causa del cáncer cervicouterino. El HPV Information Centre indica que cada año se diagnostican alrededor de 9 mil 439 casos, de los cuales entre el 95 y 99% están directamente vinculados a una infección persistente por tipos de alto riesgo del virus.
Esto no quiere decir que las personas con pene no puedan presentar la infección, generar verrugas e incluso cáncer.
“Lo que ahora hemos visto es que hay otros tipos de cáncer que están asociados también a la transmisión sexual y que nos afectan igual, por ejemplo, el cáncer de ano, el cáncer bucofaríngeo. Esos tienen que ver con el virus del papiloma”.
¿Cómo es la autoprueba que se realiza en la UNAM y en qué consiste el nuevo proyecto?
El biosensor es capaz de detectar 10 genotipos de alto riesgo, incluidos el 16 y el 18 de mayor presencia en México, con el objetivo de reducir las barreras para acceder a un diagnóstico.
“Decidimos hacer un método que permitiera la detección de los virus, pero de manera más fácil, rápida, barata y que no se requiriera ningún equipo costoso”, menciona la especialista.
Una de las grandes ventajas es que la persona toma su propia muestra con un cepillo similar a un hisopo, mismo que es introducido a la vagina de forma similar a como se coloca un tampón. Una vez dentro, hay que dar cinco vueltas al instrumento para obtener las células necesarias.
Esta muestra se coloca en un cartucho diseñado para detectar las secuencias del ADN; posteriormente, es colocado en un lector portátil para interpretar los resultados en solo 30 minutos.
Dada la alta fiabilidad y practicidad, LaNSBioDyT aspira a que en algún momento, e independientemente de si se trata de la capital del país o de una comunidad ubicada en la Sierra Norte de Oaxaca, cualquiera pueda ir a una farmacia o clínica cercana a comprar su prueba sin necesidad de un consultorio ginecológico cerca.
"Nosotros calculamos que costará entre $300 y $400 pesos. Para que esté validado, por ahora necesitamos 3 mil muestras y que nos diga [Cofepris] 'Sí, es lo mismo que un PCR'. Una vez validado, comenzaría la producción para encontrarlo en cualquier lado", añade Tatiana.
Por ahora, mientras esperan la aprobación de Cofepris, el equipo brinda un espacio para realizar autopruebas PCR con un costo de 500 pesos mexicanos. Las muestras son tomadas en las instalaciones del laboratorio por las propias usuarias y los resultados llegan al correo personal en una semana.
De acuerdo con Tatiana, las pruebas en hombres son poco comunes. En parte, se debe a la dificultad que implica tomar una muestra: la uretra, el conducto por donde pasan el semen y la orina, es un orificio muy pequeño y sensible, por lo que se requiere de la ayuda profesional para tomarla.
Por otro lado, es menos común encontrar al virus: la orina es un limpiador natural que arrastra las células infectadas, lo que permite que viva menos tiempo en la zona.
“Ahora, también es cierto que está mal enfocado porque esto quiere decir que las personas asintomáticas con pene van contagiando, entonces deberíamos poder hacer una prueba de detección para cortar la cadena de transmisión”
¿Cómo prevenir el VPH?
La mayor apuesta para la protección del VPH es la aplicación de vacunas tanto a hombres como a mujeres. A la par, y a pesar de que no brinda protección absoluta, el uso del condón es crucial para reducir la carga viral que se intercambia.
El equipo de la doctora enfatiza que un diagnóstico no es sinónimo de cáncer ni tampoco es el fin de una vida sexual activa; existen tratamientos eficaces para eliminar los efectos del virus. Puede que la barrera más grande que exista para prevenir los daños no sea la falta de tecnología. La doctora sugiere que la autonomía respecto a la toma es también una forma de salvar vidas.