Microplásticos en nuestra comida, el nuevo enemigo invisible

Hoy, los microplásticos son una evidencia de que ningún residuo desaparece realmente: solo cambia de forma y regresa a nosotros por caminos inesperados.

En México, la industria del plástico crece alrededor de 3 por ciento anual. | Imagen de Fernanda Sández (2022).
Ana Paula Romero Calderón
Ciudad de México /

Cada semana, sin notarlo, una persona puede ingerir miles de partículas de plástico. Están en el agua que bebe, en los alimentos que consume e incluso en el aire que respira. 

Lo que comenzó hace poco más de un siglo como uno de los avances tecnológicos más prometedores de la industria moderna se ha convertido en un contaminante prácticamente omnipresente. Hoy, los microplásticos no solo flotan en océanos o se acumulan en basureros: también circulan por ecosistemas, cultivos, animales y cuerpos humanos.

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El plástico, un material derivado del petróleo, transformó la vida cotidiana gracias a su versatilidad, resistencia y bajo costo. Sustituyó materiales tradicionales como la madera, el vidrio o el metal y permitió el desarrollo de sectores enteros de la economía.

 En México, la industria del plástico crece alrededor de 3 por ciento anual y representa entre 2.5 por ciento y 3.5 por ciento del PIB manufacturero, equivalente a cerca de 400 mil millones de pesos, de acuerdo con la Asociación Nacional de Industrias del Plástico.

Sin embargo, el mismo material que facilitó innumerables procesos industriales y domésticos también generó un problema ambiental de dimensiones globales. El consumo masivo de productos desechables ha incrementado la acumulación de residuos a una velocidad que supera la capacidad de manejo y reciclaje. Aunque millones de toneladas de plástico se producen cada año, solo una pequeña fracción logra reincorporarse a nuevos ciclos de uso.

Gran parte de estos residuos termina en vertederos, muchos de ellos clandestinos, en incineradores o dispersa en el ambiente. Un estudio de Induambiente reportó que en 2021 existían más de 3 mil 700 tiraderos ilegales en México; tan solo en la Ciudad de México se registraron 889, principalmente en las alcaldías de Iztapalapa y Cuauhtémoc.

Vertedero ilegal en Cuautepec, CdMx (Sierra de Guadalupe). Foto: Ana Paula Romero Calderón

¿Qué son los microplásticos?

Con el tiempo, la exposición al Sol, la lluvia, el viento y la acción de microorganismos fragmenta los plásticos en partículas diminutas menores a cinco milímetros conocidas como microplásticos. 

Otros se producen directamente con ese tamaño y se incorporan a productos cosméticos y de higiene personal, como exfoliantes, pastas dentales o maquillajes con brillantina. Debido a su tamaño y ligereza, estas partículas se dispersan fácilmente y terminan acumulándose en suelos, ríos, lagos y océanos.

Los microplásticos ya forman parte de la cadena alimentaria. Se han encontrado en cultivos de lechuga, trigo, maíz, zanahoria, cebolla, ajo, avena y arroz, así como en hojas y flores de plantas silvestres. Esto no solo afecta a las plantas, sino también a organismos polinizadores, como las abejas, y a productos derivados como la miel y el polen.

En el agua, la comida y la sangre

Su presencia tampoco se limita al mundo vegetal. Diversos estudios han detectado microplásticos en carne, leche y sangre de animales destinados al consumo humano, incluyendo vacas, cerdos, aves, peces, moluscos y crustáceos. Un análisis reciente de distintas fuentes de proteína, entre ellas carne de res, camarón y tofu, encontró microplásticos en el 90 por ciento de las muestras examinadas.

Las bebidas tampoco están exentas. Se ha estimado que un litro de agua embotellada puede contener hasta 240 mil partículas microplásticas. También se han detectado en refrescos, café y té, particularmente en bebidas calientes, donde las altas temperaturas favorecen la liberación de partículas desde los envases o materiales de contacto.

Además del problema ambiental, crece la preocupación por sus posibles efectos en la salud humana. Organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) han señalado que los microplásticos pueden transportar sustancias potencialmente tóxicas, entre ellas bisfenoles, ftalatos y metales pesados, compuestos relacionados con alteraciones endocrinas, problemas de fertilidad y ciertos tipos de cáncer

Foto: Helen Briggs (2019).

En años recientes se han encontrado microplásticos en sangre, pulmones y placenta humana, lo que ha despertado inquietud sobre posibles efectos inflamatorios, inmunológicos y metabólicos a largo plazo.

El éxito del plástico radicó en su capacidad para facilitar la vida humana; su problema, en haber sido diseñado para durar mucho más que el uso que le damos. Durante décadas, la comodidad inmediata pesó más que las consecuencias futuras. 

Hoy, los microplásticos son una evidencia de que ningún residuo desaparece realmente: solo cambia de forma y regresa a nosotros por caminos inesperados. Enfrentar este desafío requerirá mucho más que reciclar. Implica replantear hábitos de consumo, exigir responsabilidad industrial e impulsar soluciones científicas y tecnológicas capaces de reducir nuestra dependencia de materiales desechables. 

El verdadero reto no consiste únicamente en producir menos plástico, sino en decidir qué tipo de relación queremos mantener con uno de los materiales que más ha transformado, y contaminado, al mundo moderno.

Referencias bibliográficas

Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria. (2019). Microplásticos y nanoplásticos en la cadena alimentaria: Situación Actual (Informe del Comité Científico Asesor de Seguridad Alimentaria). Disponible en: https://acsa.gencat.cat/web/.content/_Publicacions/Informes-tecnics/comite_cientific_assessor/publis/nanoplastics/informeCCA-micro_nanoplasticos_ES051119ac-003.pdf

Santillán M. L. (2018). Una vida de plástico. Ciencia UNAM, DGDC. Disponible en: https://ciencia.unam.mx/leer/766/una-vida-de-plastico

Editores científicos: Dr. Iván D. Rojas-Montoya, Dra. Sandra M. Rojas-Montoya


hc

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