El cáncer de huesos sigue generando dudas, investigaciones y desarrollo de tratamientos. Una de las preguntas más comunes es si existen medidas que alejen a una persona de un posible diagnóstico futuro. El mundo no ha encontrado la respuesta, pero al menos ha comenzado a detectar algunos factores de riesgo.
De acuerdo con la oncóloga pediátrica Wendy Allen-Rhoades, existe una particularidad con este tipo de cáncer: a diferencia del de pulmón o el de piel, en los que es más fácil identificar un posible detonante, se trata de un diagnóstico cuyas causas son difíciles de explicar, por lo que tener un punto de partida es de ayuda.
¿Existen posibles causas del cáncer óseo?
La mayoría de las personas no presenta factores de riesgo conocidos, pero los médicos han logrado identificar dos asociados con el desarrollo del osteosarcoma, el sarcoma de Ewing y el condrosarcoma, es decir, los tres tipos de cáncer óseo más comunes.
Al respecto, durante un webinar compartido a este medio, la Dra. Wendy Allen-Rhoades detalla: aunque la mayoría de los casos son esporádicos (no hereditarios), entre un 1% y un 2% de los pacientes presentan una predisposición genética asociada a enfermedades.
“Muchas veces la gente ni sabe que tiene una afección que la puede predisponer a un cáncer óseo”, dijo la oncóloga, quien además detalló que se trata de padecimientos ocasionados por alteraciones genéticas:
- Síndrome de Li-Fraumeni: Mutación o cambio en el gen TP53 que aumenta el riesgo de desarrollar múltiples tipos de cáncer.
- Síndrome de Rothmund-Thomson: Condición genética rara con alto riesgo de desarrollar osteosarcoma.
- Enfermedad de Paget: Enfermedad ósea previa que requiere monitoreo continuo por mayor riesgo de desarrollar cáncer de hueso.
- Enfermedad de Ollier/Síndrome de Maffucci: Estas enfermedades son causadas por cambios en los genes IDH1 o IDH2.
De acuerdo con la oncóloga, las personas que han sido diagnosticadas con estas afecciones requieren una mayor vigilancia para descartar la formación de tumores en los huesos.
Independientemente de los genes, esta enfermedad también se asocia con la edad: los adultos no están exentos de padecerla, pero afecta principalmente a niñas, niños adolescentes y jóvenes. Por otro lado, y fuera del cuerpo, también se ha identificado que haber recibido tratamiento con radiación por un cáncer primario anterior durante la infancia puede aumentar el riesgo de desarrollar un cáncer óseo secundario años más tarde.
¿Hay algo en el estilo de vida que lo pueda detonar?
Con su experiencia en el tratamiento de cánceres óseos en edades muy tempranas, hay algo que la Dra. Allen-Rhoades quiere dejar en claro: los casos en menores no son provocados por algo que los padres o el paciente haya hecho mal (ni dieta, ni estilo de vida, ni exposición durante el embarazo).
“En general no hay nada que podamos hacer para evitar estos tipos de cánceres a diferencia de otros, como el de piel o de pulmón en los que sabemos que la exposición al sol o el tabaquismo aumentan el riesgo”, dijo. “No es nada que la madre haya hecho mal en el embarazo, simplemente es mala suerte: son cosas que pasan”.
¿Cómo proteger a los huesos?
Aunque no hay una forma de prevenir el cáncer, los hábitos cotidianos ayudan a mantener los huesos fuertes y protegidos. Mantener una vida activa, realizar ejercicio, llevar una dieta equilibrada rica en vegetales y legumbres así como evitar hábitos nocivos como el tabaquismo (que debilita la estructura del hueso), son una forma de cuidar de ellos.
Debido a que los tumores óseos son poco frecuentes, es importante ser evaluado por un equipo médico con experiencia en el diagnóstico y tratamiento de su afección específica.
La doctora también llama a no perder de vista algo fundamental al enfrentarse a un diagnóstico: muchos de estos cánceres son tratables y la gente sobrevive muchos años, pues “si bien se pueden asustar al principio, siempre hay esperanza y eso es lo que trato de transmitir a mis pacientes”.
LHM