Está en prácticamente todos los hogares. Se toma para aliviar un dolor de cabeza, bajar la fiebre o combatir el malestar de una gripe.
Su presencia es tan común que pocas veces nos detenemos a pensar qué ocurre con él después de cumplir su función en nuestro organismo. Sin embargo, detrás de este medicamento ampliamente utilizado existe una historia poco conocida que trasciende la salud humana y alcanza a ríos, lagos, cultivos y ecosistemas enteros.
El paracetamol, considerado uno de los fármacos más seguros y consumidos del mundo, también se ha convertido en un contaminante emergente cuya presencia en el ambiente preocupa cada vez más a la comunidad científica.
El crecimiento de la población mundial, el desarrollo de la industria farmacéutica y el aumento en el consumo de medicamentos han incrementado la presencia de compuestos farmacológicos en el ambiente.
Después de ser ingeridos, muchos fármacos son excretados a través de la orina y las heces, ingresando a los sistemas de saneamiento y posteriormente a distintos compartimentos ambientales. Una vez liberados, pueden distribuirse en el aire, el agua, los suelos y los sedimentos, dependiendo de las condiciones del entorno y de sus propiedades fisicoquímicas.
Aunque las plantas de tratamiento de aguas residuales están diseñadas para eliminarlos mediante procesos biológicos, físicos y químicos, muchos presentan una degradación lenta y una elevada resistencia a estos tratamientos, por lo que son considerados contaminantes orgánicos persistentes (COPs).
Entre estos compuestos destaca el N-acetil-4-aminofenol, mejor conocido como paracetamol. Este medicamento ha sido detectado en acuíferos de al menos 29 países en concentraciones que oscilan entre 6 y 65 μg/L (1 μg = 10-6g) y puede tardar hasta 40 días en degradarse.
Su presencia en el ambiente se debe principalmente a la excreción humana y a la eliminación inadecuada de medicamentos caducos o sobrantes. Como consecuencia, se encuentra en plantas de tratamiento, descargas hospitalarias, ríos y lodos residuales.
Aunque el paracetamol es biodegradable, su liberación constante al ambiente supera con frecuencia la velocidad con la que puede degradarse. Esto favorece su acumulación y aumenta la probabilidad de que se formen productos de transformación potencialmente peligrosos.
Uno de ellos es la N-acetil-p-benzoquinoneimina (NAPQI), un compuesto altamente tóxico que se genera por la acción de la luz solar y que tiene la capacidad de afectar organismos vivos e incorporarse a las cadenas alimentarias.
Los medicamentos están diseñados para interactuar con biomoléculas específicas. Por ello, cuando llegan al ambiente pueden afectar a otras especies que comparten mecanismos biológicos semejantes.
Diversos estudios han demostrado que la exposición prolongada al paracetamol puede alterar procesos de crecimiento y reproducción en organismos pertenecientes a distintos niveles tróficos, desde algas y zooplancton hasta invertebrados y peces. Además, el uso de aguas contaminadas para riego favorece su incorporación a cultivos destinados al consumo humano.
Con el propósito de reducir su presencia en el ambiente, se han desarrollado procesos avanzados de oxidación, entre ellos la sonólisis, la ozonificación y la oxidación química. Estas tecnologías generan radicales altamente reactivos capaces de degradar el fármaco de manera eficiente. Sin embargo, su aplicación a gran escala aún enfrenta importantes desafíos técnicos, económicos y de infraestructura.
El paracetamol es un analgésico y antipirético ampliamente empleado para tratar el dolor leve o moderado, la fiebre y diversos síntomas asociados a infecciones respiratorias. Su popularidad se debe, en gran medida, a que suele recomendarse a pacientes que no pueden consumir otros analgésicos.
Durante la pandemia de COVID-19, su consumo aumentó significativamente debido a su uso para aliviar la fiebre, los dolores corporales y el malestar general. Actualmente se producen alrededor de 145 mil toneladas anuales en todo el mundo, una cifra que refleja la enorme demanda de este medicamento.
A pesar de que se considera seguro cuando se utiliza en dosis terapéuticas, el paracetamol es uno de los medicamentos más frecuentemente asociados a intoxicaciones. En adultos, la dosis máxima recomendada es de 4 gramos al día; exceder este límite puede provocar daño renal, cardiaco y neurológico, además de insuficiencia hepática grave e incluso la muerte.
Asimismo, diversos estudios han relacionado su consumo excesivo durante el embarazo con abortos espontáneos, parto prematuro, bajo peso al nacer y alteraciones en el neurodesarrollo infantil, incluyendo déficit de atención y problemas de conducta.
En México, el paracetamol figura entre los diez medicamentos más consumidos. Aunque suele percibirse como un fármaco inocuo, su uso excesivo representa un problema tanto sanitario como ambiental.
Después de la pandemia aumentaron los vertimientos de este compuesto en aguas residuales domésticas y hospitalarias, lo que puede afectar la eficiencia de las plantas de tratamiento.
Estos sistemas dependen en gran medida de microorganismos capaces de degradar contaminantes, pero concentraciones elevadas del medicamento pueden alterar su funcionamiento y disminuir su capacidad de depuración.
Ante este panorama, investigadores como el doctor Juan Manuel Peralta Hernández han señalado la necesidad urgente de desarrollar estrategias para el saneamiento de aguas contaminadas con paracetamol, especialmente considerando que las aguas residuales constituyen un recurso estratégico para la sostenibilidad ambiental.
No obstante, la solución no depende únicamente de nuevas tecnologías. También requiere una mayor conciencia social sobre el uso responsable de los medicamentos y su adecuada disposición final.
El paracetamol seguirá siendo, con toda probabilidad, uno de los medicamentos favoritos de millones de personas por su eficacia, accesibilidad y seguridad cuando se utiliza correctamente. Sin embargo, su historia no termina cuando desaparece el dolor o baja la fiebre.
Cada tableta consumida deja una huella que puede extenderse mucho más allá del organismo humano. Comprender este impacto nos recuerda que la salud de las personas y la salud del ambiente están profundamente conectadas.
Utilizar los medicamentos de forma responsable, evitar la automedicación y promover mejores sistemas de tratamiento de agua son acciones fundamentales para proteger tanto nuestro bienestar como el de los ecosistemas de los que dependemos.
Si te ha interesado este tema, te invitamos a que revises las siguientes citas:
[1]R.L. Acevedo-Barrios, C.A. Severiche-Sierra, J.D.C. Jaimes Morales, Efectos tóxicos del paracetamol en la salud humana y el ambiente, Rev. Investig. Agrar. y Ambient. 8 (2017) 139–149. https://doi.org/10.22490/21456453.1845.
[2]J.M. Hernández Peralta, M. Pacheco-Álvarez, R. Picos Benítez, O.M. Rodríguez-Narváez, E. Brillas, A critical review on paracetamol removal from different aqueous matrices by Fenton and Fenton-based processes, and their combined methods, Chemosphere. 303 (2022) 134883. https://doi.org/10.1016/j.chemosphere.2022.134883.
Editores científicos: Dr. Iván D. Rojas-Montoya, Dra. Sandra M. Rojas-Montoya
*Centro de Investigación en Ciencia Aplicada y Tecnología Avanzada, Unidad Legaria, Laboratorio Nacional de Conversión y Almacenamiento de Energía. monicavazquezrodriguez97@gmail.com/yosuan.ag87@gmail.com